Andrés Pascual escritor

“Nuestro dioses más salvajes tienen distintos rostros: los pecados de nuestros padres, el peso de la tradición y la religión, las enfermedades...”

Andrés Pascual presentará hoy en El Corte Inglés de Pamplona su última novela, ‘A merced de un dios salvaje’, editada por Espasa, a partir de las 19.00 horas

Fernando F. Garayoa - Martes, 11 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

(Foto: Ainhoa Barrio)

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pamplona- El escritor riojano Andrés Pascual regresa de nuevo a tierras forales para presentar su última novela, A merced de un dios salvaje,que en apenas unos días ha alcanzado ya la segunda edición. El acto tendrá lugar en Ámbito Cultural de El Corte Inglés, a partir de las 19.00 horas.

Antes de la ineludible visita a la vieja Iruña, donde guarda y mantiene buenas amistades, Andrés Pascual buscó un hueco para desentrañar algunas de las claves de su nuevo libro. Sus palabras casi siempre provocan la reflexión y sacan el lado más positivo del ser humano.

¿Cómo debe enfrentarse un lector ateo a su nueva novela, ‘A merced de un dios salvaje’?

-Como a todo en la vida: sin velos, sin prejuicios, sin condicionantes, dejándose llevar por la propuesta que me llevó a escribir el libro, que fue fundir un escenario idílico, como son los viñedos de La Rioja, con el dramatismo y el ritmo cinematográfico de unthriller brutal.

Andrés Pascual parece tener una bendita obsesión, la de los héroes cotidianos, personificados en este libro en un niño que sufre síndrome de Dravet pero que, si no recuerdo mal, también era una de las claves de ‘Edén’ (2014)…

-Me apasiona la fuerza que es capaz de desplegar el ser humano de a pie. No hablo de esos héroes que sacan la espada y se enfrentan ellos solos a un ejército entero. Hablo de los héroes que, cada día, se enfrentan a un mundo complicado sin miedos, convencidos de cada uno de nosotros podemos brillar. Más aún, de que tenemos la obligación y la responsabilidad de brillar. En el caso de los personajes de A merced de un dios salvajeel heroísmo es doble, ya que habla de un padre que hace lo imposible por sacar adelante a su hijo, que padece una enfermedad rara y terrible.

En este sentido, ¿de qué forma ha influido, si es que lo ha hecho, ‘El oso, el tigre y el dragón’, su anterior libro, en el desarrollo de los personajes de esta novela y en su actitud frente al mundo?

-El oso, el tigre y el dragón, escrita con mi gran amigo y vuestro paisano Ecequiel Barricart, fue la culminación de una forma de entender el mundo. Cuando tienes claro quién eres, alguien único, y descubres tu porqué, el propósito que da sentido a tu vida, eres capaz de cualquier cosa. Y sí, mis personajes de la novela han de enfrentarse a sus conflictos y encontrar su lugar en el mundo para domar a sus dioses más salvajes y caminar hacia adelante.

¿Tenemos que entender que se han transformado en mujer (la abogada Mencía Munera en ‘A merced de un dios salvaje) para dar vida a una especie de alter ego en este libro?

-Jajaja… Mujer u hombre, el ser abogado de provincias marca mucho, porque tienes que bregar con los conflictos de la gente muy de cerca, desde un punto de visto muy íntimo. Tan pronto te transmutas en cura como en psicólogo. Y este bagaje, sin duda, me ha venido muy bien para perfilar a los personajes de la novela. Me encanta que lo denominen thriller psicológico, porque quiere decir que, además de la acción pura, he logrado profundizar en el alma de los personajes.

Tras viajar por medio mundo ha decidido volver a casa para dar vida a su nueva obra, ¿morriña por su traslado a Londres, reivindicación de su tierra como el espacio que le forjó como ser humano o, simplemente, elogio hacia su comunidad?

-Supongo que un poquito de todo. Si comencé a escribir novelas sobre lugares exóticos que había conocido en mis viajes, fue porque ello me permitía seguir viajando desde casa. Pero un buen día me di cuenta de que mi tierra era un escenario apasionante para unthriller. Lo que más me alegra es que esta novela llegue en un momento de madurez literaria. Es la más importante de cuantas he escrito, un antes y un después en mi carrera.

Un escritor riojano poniendo la mirada y la pluma sobre los paisajes de su tierra para sostener su última novela, ¿el peligro estaba a la hora contener la pasión?

-Más de una vez tuve que contenerme, para no recargar descripciones y mantener el ritmo trepidante. Pero es que la comarca de la Sonsierra riojana es una maravilla. En ella hay viñedos que parecen las olas de un mar apacible, hay románico que alberga historias del Medievo, necrópolis ancestrales en mitad de los campos… Y sobre todo unas tradiciones milenarias que impresionarán a lectores de cualquier país del mundo, que espero las conozcan muy pronto. Hace cinco años, en la Feria del Libro de Frankfurt, me dijeron: el día que escribas una novela sobre La Rioja será tu libro más traducido. Y parece que va a ser así. Para llegar a cualquier persona del planeta, has de conectar con lo esencial. Al final todos tenemos los mismos miedos y anhelos. Todos lidiamos con conflictos familiares, pasados tormentosos, futuros inciertos…

Una novela sobre La Rioja, sin vino, ¿se hubiera quedado coja casi antes de nacer?

-El vino es un elemento esencial en el libro porque también lo es en las familias riojanas. No es solo algo que se bebe, más bien es algo que se vive. Y luego están las bodegas centenarias, con esa mezcla de belleza en la superficie y misterio en los calados subterráneos, llenos de misterio y silencio y oscuridad, perfectos para una trama de intriga.

¿Cómo llegó Andrés al Dravet, un síndrome desconocido, aunque aquí, en Navarra, se ha concienciado bastante sobre esta enfermedad gracias al empeño de familias y músicos como Aurora Beltrán, Boni o Kutxi Romero?

-Yo llegué a conocer el Dravet a través de una historia preciosa y verdadera de principio a fin. Un día, justo después de la vendimina, estaba enseñando uno viñedos de La Rioja a unos amigos de Londres... y me quedé mirando a un niño que interactuaba de forma muy especial con su abuelo. No sé porqué, pero me quedé observándolos un rato... y, entre tanto, la que resultó ser su madre, se acercó a Cristina, mi mujer, porque habían sido compañeras de colegio. Y fue ella la que nos contó que padecía esta enfermedad. Me pareció terriblemente inspirador no solo sobrevivir a algo así, sino cómo lo hacían, que era viviendo el presente en plenitud, olvidándose de los ataques epilépticos que les dieron la noche anterior y los que casi seguro le darán la noche siguiente, porque afecta a niños, desde un año de edad, con varias crisis cada día. Así que le pedí prestado al Raúl de carne y hueso no solo su nombre sino también muchas anécdotas y la forma de encarar la vida en el reino de la tormenta, que es como ellos llaman al Síndrome de Dravet.

No sé cansa de decir que esta novela puede ser el principio de una saga, que eso depende de la aceptación del público… Pero el público ya parece haber dado su veredicto, puesto que en apenas unos días el libro ha alcanzado su segunda edición.

-No puedo estar más feliz. En tres días, segunda edición, lo nunca visto. Y las críticas… Ayer, leyendo algunas en casa de mis padres, me emocioné y todo, textualmente. Así que, aunque esta novela empieza y termina, sí que habrá saga. Los personajes y los escenarios aún tienen mucho que decir.

Para terminar, volvamos casi a la primera pregunta. En una novela que también hunde su raíces en las tradiciones y la religión, ¿puede el ser humano ser libre, realizar sus metas, bajo el yugo de esta última?

-Nuestros dioses más salvajes se manifiestan con distintos rostros. A veces como el peso de la tradición y de la religión, otras como los pecados de nuestros padres, como las malditas enfermedades. Lo que tenemos que hacer es aceptar esos dioses salvajes como algo natural y, desde la paz, enfrentarnos a ellos sin miedo, rebelándonos contra nuestro destino.

las claves

“Me apasiona la fuerza del ser humano de a pie, esos héroes de cada día que se enfrentan a un mundo complicado sin miedo”

el libro y su autor

La historia. Hugo Betancor, un fotógrafo de prensa viudo y en horas bajas, llega al pueblo vitivinícola de San Vicente de la Sonsierra para reclamar la herencia de Raúl, su hijo de once años aquejado por una enfermedad rara. Desde que ambos ponen un pie en Finca Las Brumas, la bodega de los abuelos del niño, todo empieza a torcerse de forma descontrolada. Veinte años atrás, un hermano pequeño de la madre de Raúl, estremecedoramente idéntico a él, desapareció sin dejar rastro durante una tormenta. Un suceso que marcó la vida de todo el pueblo, cuyos habitantes no han sido capaces de liberarse del peso de la culpa, del ahogo de la sospecha… y del temor a que aquella desgracia vuelva a repetirse.

Andrés Pascual. Ha ejercido durante veinte años como abogado. Actualmente vive a caballo entre Londres y La Rioja, y se dedica a escribir y a impartir conferencias. Ha recorrido más de cincuenta países buscando escenarios para sus libros, que han vendido cientos de miles de ejemplares y han sido traducidos a ocho idiomas.