Música

Abducidos por el panda power

Por Javier Escorzo - Viernes, 14 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

CONCIERTO DE SUPERACID

Fecha: 06/09/2018. Lugar: Caballo Blanco. Incidencias: Bastante público, la mayor parte del cual resistió cuando comenzó a llover, en la última media hora de actuación.

El verano avanza y el ciclo de conciertos del Caballo Blanco prosigue con su refrescante programación. En septiembre, ya se sabe, los días se van acortando y la probabilidad de lluvias aumenta considerablemente;aun así, el público se acercó en buen número a la terraza más musical de nuestra ciudad. El jueves pasado fue el turno de Superacid, joven y prometedora banda local que ya cuenta en su haber con un epé, varios certámenes ganados y un buen número de conciertos en los que se han ido curtiendo y consolidando su sonido. A las ocho, hora de inicio de la actuación, se barruntaba en el aire la amenaza de tormenta, pero, en contra de lo que pudiera parecer, el peligro no estaba en el cielo, sino en el escenario.

Porque, desde el comienzo, el comportamiento de los músicos fue electrizante, con especial protagonismo para la sección de metales, que estuvo muy presente durante todo el concierto. Sus esfuerzos estuvieron encaminados en todo momento, al igual que los del resto de miembros de la banda (formada por guitarra, lago y batería), hacia la fiesta, el desparrame y el baile, y para ello utilizaron todos los elementos a su alcance, desde la propia indumentaria, consistente en unas sudaderas con capucha de osos panda. Y es que ese animal es algo más que la mascota de este grupo, casi podríamos decir que su leitmotiv. A lo largo de la noche, fueron numerosas las veces en las que repitieron su lema: “¡Panda power!”. Todo un acierto cuidar estos aspectos extramusicales, ya que así dotan al grupo de una personalidad y un discurso propios, a la vez que sus presentaciones en directo ganan en dinamismo. Las letras también ayudan a dibujar su carácter como banda, mostrándose a veces reivindicativos, criticando la crisis, la especulación financiera, las políticas antiecológicas, el papel que en ocasiones juegan los medios de comunicación, el “postureo” omnipresente en las redes sociales y la paradoja de que, en plena era de la comunicación, cada vez estemos más incomunicados.

Afortunadamente, nada de esto supone ningún menoscabo para lo verdaderamente esencial, que es la música;al contrario, todos estos elementos no hacen más que subrayar una propuesta ya de por sí remarcable, una mezcla explosiva de funk, soul, rythm’n’blues, ska... En el Caballo Blanco supieron conquistar al público desde el arranque y lo pusieron a bailar. Incluso cuando la lluvia hizo acto de presencia y se abrieron los toldos para que los asistentes pudieran cobijarse, el ritmo se mantuvo por todo lo alto, haciendo que fuese imposible mantener quietos los pies. Canciones como Botón de emergencia, Me falta el aire o Gritar sin voz son argumentos irrebatibles. El único momento de cierto respiro llegó con Demencia, algo más lenta (“una canción diferente”, según dijeron al presentarla). Axl McGregor, de Lazy Daisy Band, subió a cantar con ellos Gualitx y terminaron el concierto con media sección de vientos tocando entre el público. Lo dicho, una auténtica fiesta.