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Con acento europeo

Europa pide tiempo muerto en Salzburgo

Por Jesús González Mateos - Domingo, 23 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Este miércoles y jueves se ha celebrado en Salzburgo la cumbre informal del Consejo europeo de la Presidencia austriaca. En la agenda, dos temas principales: asilo e inmigración, con su vertiente de seguridad fronteriza y, en segundo lugar, la situación de las negociaciones del brexit. Ambos temas vienen monopolizando, una tras otra, las reuniones de los jefes de gobierno europeos en los últimos dos años, en una especie de bucle sinfín. En ninguno de ellos se han producido avances dignos de mención, pero eso sí, la tensión tampoco se ha incrementado. Pareciera que Europa ha pedido un momento de tregua para darse tiempo antes de entrar en la recta final de la legislatura que concluye el próximo mes de mayo.

Frontex 2.0, la propuesta de una Guardia Costera Europea La gran novedad en materia de asilo e inmigración la aportó la semana pasada el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, en su discurso del estado de la Unión ante el Parlamento Europeo. Nada menos que la creación de una guardia costera europea con 10.000 efectivos. Una medida que ha sido vista con recelo por los Estados miembros afectados, entre ellos España, en tanto en cuanto afecta a la soberanía nacional. Una vez más los intentos de hacer más y mejor Europa chocan con las voluntades de los Estados, representados por sus presidentes. Eso sí, los mismos líderes no se cansan de predicar la necesidad de una política europea común de asilo y de fronteras. Y, en medio de estos debates, la realidad tozuda de los datos: siguen muriendo hombres, mujeres y niños en las aguas del Mediterráneo, mientras el número de refugiados de este año es de los más bajos de la década y la población europea sigue envejeciéndose. Trágica ecuación.

El reloj del ‘Brexit’ toca a su finEn la cena de los mandatarios y posterior conversación de la chimenea -un clásico en las reuniones informales- se debatió de este tema y de la otra cuestión estrella de las pesadillas europeas. El brexit cada vez tiene menos fechas en el calendario para alcanzar un acuerdo. Antes de fin de año deberíamos tener el Acuerdo de Salida del Reino Unido de la Unión, para dedicar los tres meses restantes hasta marzo a la negociación del posterior Tratado de Asociación con los británicos una vez dejen de pertenecer a la UE. Tampoco se ha avanzado nada en este sentido. Tusk, el presidente del Consejo, lanzó la idea de una cumbre especial del brexit en el mes de noviembre, pero al final de la reunión de Salzburgo quedó claro que tendrá lugar si en octubre se producen avances significativos en la negociación. La línea roja principal sigue siendo la frontera de Irlanda del Norte y, políticamente, la gran cuestión es si la primera ministra británica, Theresa May es capaz de sobrevivir a la presión bipolar que sufre. De un lado, sus compañeros conservadores, cada día más divididos y con un ala radical dispuesto a salir de la Unión por las bravas y sin acuerdo. Y, por otro, los laboristas, donde crece el número de partidarios de un segundo referéndum.

Todos los deberes para finales de añoEs evidente que lo que ha primado en la cita de Salzburgo es el consenso de no tensar más la cuerda en ninguno de los asuntos. Era mejor salir todos de la cumbre con una media sonrisa de complacencia instalada en la nada, que repetir las broncas del Consejo del pasado junio. La diplomacia de la Comisión y del Consejo trata de ir salvando los muebles de encuentro a encuentro, alcanzando acuerdos de mínimos y evitando a toda costa la imagen de una Europa dividida. La pretensión es tan loable, como resulta complicado que con esta estrategia cumplamos los objetivos antes de las elecciones del próximo mayo. Más si cabe cuando ante la debilidad que los grandes demuestran -Francia y Alemania especialmente- los líderes de gobiernos más a la derecha, como Hungría, Italia, Polonia, Chequia, a los que acaba de unirse Bulgaria, se están haciendo fuertes en posiciones cada día más eurófobas y díscolas a las políticas comunes que trata de poner en marcha la Comisión Europea. El pulso va a ser muy duro en estos próximos 8 meses, tal vez por eso, todos han preferido pedir tiempo muerto en Salzburgo.