Puente la Reina inaugura una “espléndida” temporada de pimiento

El piquillo triunfa en el mercado entre las más de diez variedades
Un día bueno los productores pueden vender hasta 2.200 kilos

Virginia Urieta Patxi Cascante - Miércoles, 26 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Los puestos tiñen de rojo la zona, visitada cada vez por más gente, también de fuera.

Los puestos tiñen de rojo la zona, visitada cada vez por más gente, también de fuera. (Patxi Cascante)

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Los puestos tiñen de rojo la zona, visitada cada vez por más gente, también de fuera.

puente la reina- Juan Luis Molinet recuerda todavía cómo su padre, Raimundo, llevó al pueblo “la primera máquina” de asar pimientos. “Era más pequeña que las de ahora, y fue la que impulsó totalmente las ventas. Antes se los llevaban crudos y ahora lo que más demandan los clientes es el pimiento asado”, decía ayer desde su puesto del mercado de Puente la Reina, con el que cada año se abre la temporada de este preciado producto.

A pesar de contar con menos de una decena de puestos, este particular zoco -en el que un día bueno se venden “hasta 2.200 kilos de pimiento”, indican los productores- recibe cada vez más visitantes, muchos de fuera. Y esta temporada ha sido “espléndida”. Quienes se dejan caer por allí pueden disfrutar de ese olor a piquillo asado de 8 a 20.00 horas todos los días, desde el pasado 7 de septiembre y hasta el 31 de noviembre.

“Hace 30 años esa máquina fue la novedad, mi padre tenía hasta tres asadores. Ahora ya prácticamente todos los productores locales tenemos una”, señalaba ayer mientras su hermano Javier despachaba sus tesoros. Conservan en su casa, con mimo, aquella reliquia.

Hace ya más de una década que el Ayuntamiento cede el terreno de una zona que durante el resto del año es un parking, convertido de septiembre a noviembre en territorio rojo, poblado de tiras de pimientos que cuelgan de los diferentes puestos y tomado por pequeños grupos de clientes y vecinos bien avenidos que se encargan de limpiar y retirar las semillas antes de asar este preciado manjar.


Sin semilla El puesto de Marisol Eyaralar y su familia es también uno de los “de toda la vida”, y cuenta la productora que el mayor cambio es que la gente pide más pimientos “sin semilla, antes iban enteros”. Ellos, que se encargan de todo -desde la siembra hasta la venta- les dan la herramienta para retirarla, proceso que hace el propio cliente en el lugar, antes de llevarse el producto.

“Cada vez viene más gente de fuera, el fin de semana sobre todo de Gipuzkoa y de Bilbao, aunque también desde Madrid o Soria. Es cuando más se vende. Entre semana hay más gente de aquí y alrededores”. Es un mercado que cada vez se va conociendo más, “sobre todo por el boca a boca. Gusta porque es un piquillo que no pica demasiado y el microclima que tenemos aquí favorece, hace que salgan buenos”.

Aunque lo que triunfa es el piquillo, el calpisa -“el piquillo de Puente”-, también es muy demandado. Venden además najerano (a 1,15 euros el kilo), vinagre (1,50 euros) o cristal (1,60), entre otros. Santos Lizasoain es también uno de los habituales, pero de los que compran. Acude todos los años desde Donamaría, y ayer fue con su mujer, Josefina Aresti, a comprar pimientos. “Nos llevamos 30 kilos para nosotros, para los hijos… Les quitamos las semillas para que los asen y nos los llevamos a casa, los embotamos y ya tenemos para todo el año”, decía. El de piquillo es el que más le gusta aunque para la ensalada prefiere el najerano. “Los de aquí están buenísimos”.