La semana

La impenetrable mente humana

por F. Pérez-nievas - Sábado, 29 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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hace falta tener muy bajo el umbral de animalismo y de falta de humanidad para atacar el nombre de una calle que representa a una joven de 17 años a la que violaron y fusilaron en septiembre de 1936 porque su padre era sindicalista de UGT. No tengo palabras para expresar mi asombro. Ni siquiera voy a entrar en términos de fascismo, de falta de Democracia o de valoraciones similares;simplemente me ciño al hecho de que el nombre de Carmen Lafraya haya sido pisoteado por personas que, seguramente, ni siquiera saben lo que significa o lo que han hecho al mancillarlo. Achacarles una ideología o un razonamiento en su acción sería darles un margen de inteligencia excesivo, por lo que pienso que ha sido simplemente un acto de gamberrismo, adornado con una ignorancia supina. He echado en falta comunicados de otros partidos que no sea la Agrupación Independiente de Izquierdas de Villafranca (únicos que se han manifestado), declaraciones altisonantes de los políticos o algún tipo de reacción asustada, pero nada de nada. Bien es cierto que esta semana ha sido un tanto extraña y especialmente dentro de esa lacra de terrorismo que estamos viviendo contra las mujeres, una de las más negras que se recuerdan en los últimos años. Sin embargo, pocas movilizaciones, escasas declaraciones, casi nula conmoción social y pocos golpes de pecho buscando soluciones o explicaciones cuando en algunos de los casos se podía haber evitado el trágico desenlace. ¿Por qué? No crean que lo estoy criticando, simplemente muestro mi asombro por cómo reaccionamos los seres humanos. En ocasiones, sin responder especialmente a la gravedad de los sucesos, nos mostramos compungidos, solidarios y abrumados. Es algo en lo que me gustaría adentrarme porque siempre me ha llamado la atención. ¿Qué ha de tener un suceso, una noticia o un desastre para que nos conmueva? Hay veces en que una noticia nos pasa desapercibida y vuelve, la misma, un año después con una fuerza desmesurada sin que haya cambiado nada en ella. Realmente no dejo de sorprenderme por el laberinto de la mente humana que está tan llena de interrogantes, ni con cómo nos dejamos manejar por las redes, los medios y los políticos.