Una historia verdadera

Iñaki Asín Rodríguez - Martes, 2 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

¡Mira! Sentaos ahí, un partido en la televisión, un partido, no sé quién juega, pero mirad ahí, ponen un partido. (Un padre quitándose a los dos críos de encima mientras se pide un par de cañas para salirse a la calle con su cuadrilla).

Un pobre de espíritu no es alguien con baja estima ni una una persona callada e introvertida. Tampoco es tu vecino que cuando te cruzas con él tiene cara de Johnny ratón. Tenemos que aprender a ver estas situaciones como las experimentan los incrédulos, nadie nunca alabaría al mundo por sus miserias, ¿o sí? No todos estamos dotados de esta capacidad, me refiero a estas personas que entran y salen de los bares hablando de fútbol, sí de fútbol y de nada más, bueno, alguna rara vez hablar de ¡si yo estuviera de entrenador...!, o algo parecido.

Hay personas que son superdotadas a la hora de sentir, lo que les aporta una forma diferente de ver, escuchar, oler y sentir el mundo de la televisión. ¿Por qué estúpida razón tiene que estar encendido continuamente ese aparato en los bares? ¿no les repercute en su vida diaria y menos aún en el trabajo?

Las personas con estas características tienen una mísera imaginación y peor creatividad. No son empáticos, inteligentes, intuitivos, atentos, constantes ni siquiera comprensivos, pero tampoco llegan a abrumarse ante situaciones como, por ejemplo, sales de casa para ir a tu trabajo y tu hijo te dice, ¡papá, vuelve pronto! que hoy es viernes, es la noche del Ensanche La Nuit y la mamá quiere comprarse unas medias a las 21 horas, las 20 en Canarias.

Estas cosas de la vida que, aunque parezcan absurdas, no lo son, porque si encima las estás viendo todos los días terminas por pensar como Michael Douglas en Un día de furia. No pasa nada, podéis estar tranquilos que esto es solo una película.

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