Carta a las mandarinas

Daniel Ezpeleta - Miércoles, 10 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Con las primeras mandarinas, tiernas y dulces, recuerdas tu infancia, repasas la vida y le das gracias por haber nacido, a pesar de todo. Y el otoño te parece deslumbrante como una sonrisa, como un membrillo grande y amarillo, sensual como la uva negra, el moscatel y el vino;y misteriosa como el almendruco, que oculta el tesoro difícil de extraer: la almendra, madre del placer. Gracias a la vida, que me ha dado tanto, dice la canción. Gracias por no haber vivido una guerra. Gracias por nacer en esta tierra, guapa como ella sola por donde quiera que la mires. Gracias a los míos. Tenemos agua, tenemos pan y gente a quien querer. No es fácil amar el dolor, pero también es parte de nuestra vida, mas los médicos nos ayudan con generosidad a sobrevivir. También tenemos nuestros muertos, que nos acompañan siempre, y los queremos. El otoño ha llegado.

Dicen nuestros ancestros: “Hi arteranio bizi, han arte ez izi”. Vive hasta que te mueras, no te asustes hasta estar allí.

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