C AMPO de concentración es una denominación que provoca escalofríos y agita los horribles fantasmas que habitan en el inconsciente de varias generaciones, en cuya retina se guardan imágenes de Auswichtz y Mauthausen, iconos del holocausto nazi. Pues bien, el Archivo Militar de Ávila guarda documentos originales en los que se habla del "campo de concentración de la Merced (Pamplona)" y de otros también ubicados en Navarra, como el de Irache.
No consta, desde luego, que los concentrados en esos campos, entre 1937 y 1939 aproximadamente, sufrieran ni de lejos las atrocidades que poco después iban a poner en práctica los nazis, pero sí fueron víctimas del hacinamiento, las malas condiciones higiénicas, la arbitrariedad y la persecución política, lo que en muchos casos desembocó en sumarísimas condenas a muerte.
El colectivo navarro Memoriaren Bideak (Los caminos de la memoria ) está trabajando por desvelar y hacer pública la existencia de estos campos de concentración, especialmente el de la Merced, que funcionó en pleno corazón de Pamplona durante varios años y por el que llegaron a pasar "alrededor de 5.000 personas".
La última iniciativa en este sentido consistió en reunirse con los grupos políticos municipales para dar a conocer esta realidad histórica e impulsar una moción de reconocimiento a los presos de aquella época. "No acudieron a la reunión ni UPN ni CDN, pero el resto de partidos mostraron muy buena disposición", señala Fernando Mendiola, historiador miembro de Memoriaren Bideak.
De hecho, Aralar ha adelantado su intención de presentar al próximo Pleno la moción propuesta por Memoriaren Bideak, que pide colocar un texto conmemorativo en la entrada de la Escuela Oficial de Idiomas (plaza de Compañía). "Hace poco, se colocó como puerta de este centro el antiguo arco de entrada del convento de la Merced -explica Mendiola-. Por eso nos parece el lugar más apropiado".
Dicho convento estuvo hasta diciembre de 1945 entre las calles Dormitalería, Merced y Labrit, justo enfrente del actual frontón, aunque no tenía carácter religioso desde la desamortización de Mendizábal de 1836. Un siglo más tarde, al inicio de la Guerra Civil, se conocía como cuartel de Pelayos, y poco después empezó a albergar a prisioneros antifranquistas o, sencillamente, sospechosos de no ser afectos al alzamiento.
Según consta en el Archivo Militar de Ávila, el convento se utilizó como campo de concentración, y de hecho los documentos oficiales utilizan esa denominación. "Edificio de tipo cuadrangular con dos patios y claustros, naves dormitorio y locales para distintas dependencias", se lee bajo el epígrafe Campos enclavados en Navarra. La Merced (Pamplona) . Los militares sublevados lo consideran de forma oficial "un buen campo para 1.200 prisioneros, pero actualmente (redactado en junio de 1938) acoge a 2.800".
Asimismo, se adjuntan planos de la planta del convento pamplonés y también del campo de concentración que hubo en Irache. En Estella se instaló "el campo de prisioneros en dos locales distintos", revelan los documentos, "uno de ellos en la Casa Blanca, antigua fábrica abandonada a orillas del río Ega, y el otro en una parte del monasterio de Irache".