Enviado especial
boltaña. La plantilla de Osasuna volvió a romper ayer con la rutina de su concentración, pero sin olvidar su preparación física para la próxima temporada. Los jugadores han cambiado la carrera continua y el balón por los trajes de neopreno para practicar un deporte de aventura: el descenso de cañones en el barranco Mirabal del río Yaga (Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido).
La mayoría de los jugadores -sólo se quedaron entrenándose en Boltaña con Ziganda Cuéllar, Romeo, Valdo, Héctor Font, Arruabarrena y Delporte- se desplazaron en dos autocares hasta un barranco situado a 32 kilómetros del hotel Barceló Monasterio de Boltaña, los cuatro últimos de pista con firme bastante irregular. Se trata de un paraje singular, de un barranco de roca caliza formado por la erosión de las aguas conformando espectaculares gargantas profundas, saltos, foces, toboganes, estrechos singulares, cuevas. Es un tramo de unos 3,5 kilometros de roca pura, salpicada con hayas y pinos en la parte alta del barranco y con apenas vegetación.
Cuatro horas y media A las 10.30 horas los 24 expedicionarios rojillos (16 jugadores y ocho técnicos) se bajaban de los dos autocares y empezaban a ponerse con dificultad los trajes de neopreno y los cascos. Tras un largo descenso empinado por un sendero de cabras, los jugadores llegaron al río Yaga, que discurría sin mucha corriente, pero con unas aguas muy frías (siete grados).
Antes de tener el bautizo del agua, Tete Mozota, el responsable y uno de los tres guías de la empresa T.T. Aventura, organizadora del recorrido dio los últimos consejos: "Hay que saltar con las piernas relajadas y seguir en todo momento las instrucciones del monitor". Y a partir de ahí, al agua. Los hubo más lanzados que otros. Mientras Josetxo, Cruchaga o los más jóvenes se lanzaban sin peligro a todo que se encontraban, otros como los porteros Penedo o Ricardo o el utillero Jesús Ozcoidi se lo pensaban más de una vez a la hora de saltar al vacío. Eso sí, todos completaron el trayecto (3,5 km). Saltaron alturas de ocho metros, se deslizaron por largos toboganes naturales de agua y pronunciados desniveles; recorrieron pronunciadas gargantas; nadaron en pozos; sortearon troncos atravesados; caminaron por piedras; y, sobre todo, disfrutaron de paisajes naturales preciosos.
Tuvieron un breve descanso para comer en el agua dos bocadillos de jamón y queso y atún, y reponer de esa forma fuerzas, ya que el trayecto duró hasta las 3.05 horas. Después quitarse los trajes de neopreno y los casos, y de comer en la localidad Hospital del Tella una ensalada de pasta y un arroz con leche, regresaron al hotel de concentración en Boltaña.