barcelona. El historiador del arte de la Universidad de Nueva York, Robert Rosenblum, considerado uno de los grandes especialistas en Picasso, dijo ayer en Barcelona que el pintor malagueño encontró en la arquitectura popular española la inspiración perfecta para alumbrar el cubismo.
Rosenblum, que abrió con su lección magistral un congreso sobre el papel de la estancia de Picasso hace cien años en Gósol (Lleida) en la prefiguración de las vanguardias, aseveró que "Picasso no necesitaba inventar el cubismo, porque en la arquitectura de ese pequeño pueblo ya estaba el cubismo". Apoya su hipótesis en las palabras de la propia Gertrude Stein, a la que Picasso pintó y quien ya decía a principios del siglo XX que el cubismo estaba en la arquitectura española, "una arquitectura que corta las líneas del paisaje y no sigue la línea del paisaje como la arquitectura en Francia o Italia".
Picasso, añadió Rosenblum, "tradujo esa arquitectura española cubista y la transformó en los cimientos de su propia invención del cubismo". En los paisajes pintados en 1906 en Gósol "ya se encuentran los elementos del cubismo: paleta monocroma, ambigüedad entre cerca y lejos, planos que se superponen y desplazan".
Rosenblum cree que "ese protocubismo ya se puede constatar en algunos cuadros pintados en 1888, cuando tiene 17 años, en Horta de Sant Joan (Tarragona), o en 1903, cuando realiza una vista azul de los tejados de Barcelona, claras semillas del vocabulario cubista". "Entre 1880 y 1906 -continúa- Picasso se fue enfrentando en Málaga, Barcelona y Horta de Sant Joan a elementos arquitectónicos que encontraron una confirmación en Gósol". En opinión del especialista de la Universidad neoyorquina, en Gósol se produce "un nuevo despertar de las tradiciones mediterráneas e hispánicas", que se puede ver de manera especial en uno de sus cuadros más célebres de esa época, La mujer del pan , actualmente en el Museo de Filadelfia, en el que "una visión pintoresca de una campesina retrotrae al mundo clásico (las cariátides de Aritrea) o a la virgen románica de Gósol".
En 1906, Picasso era plenamente consciente de sus raíces mediterráneas, sentencia Rosenblum.
un viaje clave El congreso, que cuenta con la participación de especialistas picassianos como Natasha Staller, Brigitte Léal, Tomás Llorens, Eugenio Carmona o Elizabeth Cowling, analiza el viaje que Picasso hizo en la primavera-verano de 1906 junto con Fernande a Gósol, un pequeño pueblo del pre-pirineo leridano.
Según coinciden los expertos, "la estancia de Picasso en Gósol en la primavera-verano de 1906 supuso un punto de inflexión en su lenguaje artístico y pasó del siglo XIX al siglo XX, de una revisión del clasismo a la asunción de un arcaísmo simplificado que derivará hacia el primitivismo, clave en la evolución artística del siglo XX".
Fue aquel momento, aquel proceso, el que llevó a Picasso un año más tarde, a su vuelta a París, a crear la obra crucial del siglo XX: Les demoiselles d'Avignon .