UnA DE LAS MUCHAS fotografías de la Pamplona de antaño que popularizó en sus libros el doctor Arazuri corresponde al 12 de julio de 1916, y en ella vemos al anunciado funambulista Blondín en la Plaza del Castillo, atravesándola andando sobre una maroma a gran altura (situada entre el Hotel La Perla y el antiguo Teatro Gayarre). A sus pies miles de personas llenaban la plaza para ver a tan intrépido y valiente personaje que, ayudado de una larga vara, buscaba el equilibrio suficiente para andar sobre esa cuerda sin caerse. Vestía traje rojo, con calzas doradas y un casco; aunque, como es lógico estos últimos detalles no se aprecian en las fotografías, pues la foto a color estaba por inventar.
En los grandes cartelones que anunciaban los programas de fiestas de este año se anunciaba este espectáculo como Festival acrobático del funambulista Blondín . Y lo cierto es que los pamploneses y forasteros, al margen de lo que disfrutaron, pues fue muy vistoso el número acrobático, fueron doblemente engañados. Sí, querido lector, has leído bien: ¡doblemente engañados!
Me explico: Blondín fue un mítico funambulista, y sin duda el más famoso de cuantos se han dedicado a este arte de caminar sobre una maroma; y lo de Blondín era tan sólo su nombre artístico; su verdadero nombre era Jean François Gravelet. Había nacido en 1834, y había fallecido en 1897; y se consagró como el mejor funambulista del mundo en 1858 al atravesar a pie sobre un cable las famosas cataratas del Niágara.
Fue tal la fama que adquirió en vida, que tras su fallecimiento, y habida cuenta de que en España la gente no se había enterado de que había muerto, hubo otro acróbata que decidió vivir de la fama de su antecesor, anunciándose en sus funciones de funambulista como el famoso Blondín ; y como tal vino a Pamplona. Entiéndase, por tanto, que el personaje que vino a los sanfermines era un falso Blondín.
Pero… ¡ojo!, que este falso Blondín era a su vez doblemente falso; pues en el caso concreto de su actuación en Pamplona, le hizo pasar por la maroma a un suplente que trabajaba para él. Y dicen las malas lenguas que mientras el funambulista, ataviado de traje rojo y calzas doradas, hacía las delicias del público bajo la supuesta identidad de Blondín, el verdadero Blondín llevaba 19 años en la tumba, y el falso Blondín, que sí que estaba en Pamplona, charlaba en la Plaza del Castillo con su buena amiga Remigia Echaren, vendedora de lotería, y antigua y prestigiosa funambulista pamplonesa. Era uno de los muchos espectadores que ese día se arremolinaban en la plaza.
Y de la Remigia ya hablaré en futuras ocasiones. Únicamente, aprovechando que hoy es día 12, recordar que fue un 12 de julio de 1884 cuando esta pamplonesa atravesó de lado a lado la Plaza del Castillo nada menos que cuatro veces seguidas, una de ellas con los ojos vendados. No tuvo la fama internacional de Blondín, pero… no fue peor.