pamplona. Aunque desde hace muchos años los pamploneses recuerdan las barracas en el solar de Yanguas y Miranda, estos Sanfermines cambia la situación, debido a la construcción de la nueva estación de autobuses en dicho solar. Quizá sea la ubicación de Yanguas y Miranda la que menos alejada ha estado del centro de la fiesta.
Este año, provisionalmente, la feria se traslada a la Vuelta del Castillo y a la casa de Misericordia, un recinto que cuenta con 18.000 metros cuadrados, 7.000 menos que en otros años, aunque, según Patxi Fernández, director de Protección Ciudadana del Ayuntamiento de Pamplona, "con una distribución adecuada, se mantiene más o menos el número de atracciones de las otras ediciones".
Lo cierto es que el Ayuntamiento debe buscar un emplazamiento definitivo para las próximas fiestas de San Fermín, tal y como lo ha tenido que ir haciendo a lo largo de su historia. Las ferias tuvieron diferentes ubicaciones en función del crecimiento que década a década experimentaba Pamplona.
Volver la vista atrás
Las barracas, como tales, aparecen poco a poco en la segunda mitad del siglo pasado, instalándose en los terrenos pertenecientes al paseo Sarasate y en los llamados Glacis internos de la Ciudadela, para terminar emplazándose durante más de cuarenta años en la entonces llamada explanada del padre Moret o explanada del Ensanche. Desde las primeras fiestas de San Fermín, conocidas en muchas ocasiones como Ferias y Fiestas de Pamplona, la diversión de la gente ha sido fundamental. Los primeros Sanfermines a los que se les acuñó dicho nombre fueron los del año 1591.
Antes y después de esta fecha el Ayuntamiento se gastaba dinero en fuegos artificiales, torneos, danzas de la Ribera, de Aioz, Bargota, y Valencia. Por ejemplo, en 1924 las ferias se situaban delante de la nueva plaza de toros; detrás del viejo teatro Gayarre que accedía a la plaza del Castillo.
La primera barraca de la que se tiene noticia en Pamplona data de mucho tiempo atrás, concretamente del año 1772 y fue instalada en la Taconera por Bernardo Betten. Se trataba de una plataforma de madera que giraba sobre un juego de engranajes y transportaba varios caballitos. Lo curioso es que todo el mecanismo estaba accionado por un caballo de verdad que daba vueltas. En los Sanfermines de 1773, en el salón viejo de la Taconera, hoy conocido como paseo Sarasate, estaba instalado el gran caserón de La Meca. En aquellas fiestas, hizo su aparición un italiano llamado Nicolás Vida con varias fieras, entre las que destacaba un león africano. El espectáculo consistía en una lucha del hombre con la fiera.
En 1807, dio mucho que hablar en Pamplona la llegada de un gran paquidermo: el elefante Padovany.
En 1850 se presentó Mr. Menai, para exponer un tigre marino vivo y ya en el año 1943, el cable de la muerte era una de aquellas atracciones realizadas con muy pocos medios, pero que supuso una de las notas distintivas de aquellos Sanfermines. Se trataba de un artilugio que causó un gran revuelo y expectación en su efímera existencia debido a que consistía en un cable de unos 30 metros donde la gente probaba suerte tirándose de un extremo a otro agarrados a una polea.
En las Ferias y Fiestas de 1908 se instalaron tres cinematógrafos, un columpio, ocho casetas de tiro y cuatro churrerías. El arriendo se hizo al precio de 0,0025 pesetas por metro cuadrado y día.
En el año 1945, las barracas se instalaron al final de la avenida de Carlos III, y ya en el año 1947, Pamplona contaba con una noria instalada frente a la capilla de San Fermín y con las sillas voladoras instaladas ese mismo año en el rincón de la Aduana.
Actualidad
Ya en el año 1982, el recinto ferial se trasladó al solar de Yanguas y Miranda ubicación en la que la feria ha permanecido hasta los pasados Sanfermines.
Actualmente los visitantes de la feria pueden disfrutar de múltiples atracciones que, al igual que en sus inicios, hacen las delicias de grandes y pequeños. Música estridente, sirenas, reclamos, vocerío, gritos y polvo se funden en este lugar que por las mañanas está sumido en un profundo sueño y por las tardes se encuentra plagado de niños y de familias enteras.
Durante la noche, las atracciones están abiertas y las barracas se convierten en el sitio ideal para vivir las mejores emociones.