PAMPLONA. Desde 1976 hasta 1981 las fotografías se impusieron
en los carteles de San Fermín. ¿Por qué rompió con esa dinámica?
Yo no rompí con la dinámica, sino que el Ayuntamiento de Pamplona
no convocaba concurso de carteles desde el año 75. En 1977 se
volvió a convocar y resulté ganador, pero me retiraron el premio
porque mi trabajo estaba basado en una fotografía. Además se
dieron cinco áccesits y yo tenía uno, pero al final no se sacó
ninguno de los carteles que concursaron ese año. A raíz de ese
concurso y ese pequeño escándalo no se volvió a celebrar el certamen
hasta el 1982, con Balduz en la alcaldía.
Hasta el año en que su trabajo resultó ganador los carteles
representaban escenas típicas de la fiesta y eran muy figurativos.
¿Por qué optó por una estética más abstracta?
Antes las imágenes eran muy concretas, había carteles pintados
realmente buenos y que además se correspondían muy bien con
cada época. En el año 1982, sin embargo, pensamos en dar una
imagen diferente de los Sanfermines y yo me decanté por resumirlo
todo en un toro, pero con mucho color y rompiendo con las imágenes
concretas de un acto, o muy figurativas, que hasta entonces
predominaban.
¿Por qué apostó por un motivo taurino?
Pensé que el toro era la figura más emblemática o la que mejor
simbolizaba y simboliza la fiesta de San Fermín en la que casi
todo gira en torno a los actos taurinos.
El blanco y el rojo son los colores más habituales en los últimos
carteles. ¿Por qué utilizó un colorido tan diferente en su trabajo?
En ese momento yo estaba pintando así, con mucho color, además
coincidió con la mili que tuve que hacer en Canarias y aquello
me inundó de color. Por otro lado, me pareció que el cartel
de San Fermín no tenía que estar centrado en una imagen de marca,
como se ha hecho posteriormente, en blancos y rojos, sino que
me decanté por una figura de toro, como un totem, con colores
muy aleatorios y diferentes.
La tipografía de su cartel también es muy diferente, ¿a qué responde?
El cartel no tiene una composición de bloque, sino que todo lo
realicé manualmente. La letra tiene un gesto, porque todo el
trabajo está lleno de gestualidad.
Su cartel es uno de los primeros que se tradujo al euskera. ¿Fue
iniciativa suya?
Recuerdo que en el año 1977 el cartel que realicé estaba íntegramente
traducido al euskera aunque en la bases no se contemplaba. En
el 82 quizá sí era algo exigido, pero yo siempre he traducido
mis trabajos, incluso en los años en los que el euskera no se
utilizaba nada.
Muchos de los carteles han sido muy polémicos. ¿Usted cómo percibió
la acogida del suyo?
Creó mucha polémica, porque fue la primera vez que apareció
una imagen no figurativa. En el año 1982 se inició una época
nueva y en torno al cartel se dijeron todo tipo de lindezas,
pero entonces yo era muy joven y me gustaba la pelea.