A Tinduf de noche sólo se puede llegar por el aire. No tiene que ver con problemas con las bases militares ni con un tratado de la ONU: los pilotos de Air Algerie se niegan a viajar de día por las altas temperaturas del desierto: hasta 60 grados en agosto. Ahora, como dicen, el "verano ya ha pasado y se está bien: 42 grados". La delegación navarra integrada por tres parlamentarios (del grupo "Paz y libertad para el Sahara") y otros tantos miembros de la ONG ATTsF que ha construido la base de transportes para la distribución de comida que se inaugura el miércoles, llegó a territorio saharahui en la madrugada del sábado para domingo tras 24 horas de viaje, decenas de controles de seguridad en varios aeropuertos y varias horas de espera. Esto es el Sahara y el tiempo y la vida funciona a otro ritmo. Y mientras hay vida hay esperanza y los saharauis, pese a los reveses de la Historia, la tienen.
Por parte del Parlamento han acudido en esta ocasión Carlos Cristóbal (PSN), Miren Egaña (Aralar) y José Miguel Nuin (IU) acompañados de su familiares y del delegado saharahui Mohamed Lamin. Asociación de Técnicos y Trabajadores sin Fronteras envió Eduardo Artieda Zugasti y Joseba Fernández Serrano (técnicos del Hospital de Navarra), los dos expertos en mantenimiento que junto a otros voluntarios como Antonio, Daniel y Francisco, coordinados por Alfonso Torres, Ángela Millán y Gabriel Urdangariz han llevado el peso de la construcción de esta base que después del Hospital de Tifariti (en espera de ser puesto a rendimiento total) es una de las infraestructuras básicas que Navarra ha aportado, al lado de otras entidades estatales e internacionales, para tratar de permitir la supervivencia de las miles de personas que desde hace más de 30 años padecen el absurdo de la geopolítica, la incompetencia de la ONU y la guerra. Esta base tiene como finalidad algo tan obvio como imprescindible: que la ayuda humanitaria (reducida al 44% en su capítulo de alimentación) llegue al final a su destino, a las familias.
Y es que lo que parece fácil en cualquier otra parte del mundo occidental se convierte aquí en una pequeña odisea. Como el viaje que vivió la delegación navarra, en la que se encontraba también varios familiares y amistades de los parlamentarios que cubrieron, de manera autogestionada, los huecos que dejaron otras formaciones políticas a las que las fechas, por una razón u otra, les jugaron una mala pasada ya que EA suele ser fijo en estos viajes y UPN había mostrado su interés.
escala obligada en argel La conexión con Tinduf hay que hacerla con una escala obligada en Argel, lo que permite conocer de paso la realidad de otro país que está saliendo de una situación complicada y que hoy por hoy es la vía de entrada para la RASD (República Árabe Saharahui Democrática). Argel aparece bajo las alas del avión al mediodía. Su perfil colonial se recorta sobre el azul del mar. Los pilotos argelinos son unos de los más hábiles del continente porque aprendieron a volar con aparatos militares muy antiguos. Se nota al despegar y aterrizar.
Argel es una de las puertas más importantes a África desde el Mediterráneo. Su pasado francés aún pesa lo mismo que la pujanza islamista. Sus calles son una mezcla de estética europea (camisetas de Brasil, carteles de Carrefour y fotos de Zidane) con darrás y melfas (ropa femenina árabe) y perillas y chilabas. Luces de neón y mezquitas se funden en una ciudad que ha crecido, como gran parte del norte de África, desaforadamente en los últimos años. La vida se hace en la calle (aunque a partir de las 10 horas las mujeres, que tienen una importante libertad de movimientos y participación social desaparecen) pero el murmullo de los corros de jóvenes, mayores y niños compiten sin suerte en decibelios con un intenso y caótico tráfico. Conducir en Argel es una aventura. Los carriles, rotondas, cedas el paso y semáforos existen sobre el papel. La realidad es un sálvese quien pueda y, si se aplicaran las normas, una sangría contInua del carné por puntos. Pero esto no es Europa y Brahim Salem, el responsable de relaciones consulares de la embajada saharahui en la capital argelina, conduce con pericia y seguridad la furgoneta en la que la comitiva navarra iba a la recepción oficial. La RASD tiene delegaciones institucionales de primer nivel en 80 países que lo reconocen y representantes en medio mundo. Brahim tiene una voz tranquila, unos ojos negros y una mirada cálida. Emana esa dignidad que desprenden los orgullosos pueblos nómadas del desierto aunque haya tenido que trasladar su residencia a la urbe para pelear desde allá y lograr el reconocimiento de su pueblo. Brahim es un auténtico experto en superar los múltiples problemas burocráticos y de seguridad que aparecen con las visitas internacionales que se topan con la rigidez argelina: control de pasaportes, cacheos, aperturas de equipajes, fichas de procedencia y destino que hay que rellenar a cada paso… Paradójicamente, los extremos se tocan y la paranoia estadounidense en los aeropuertos y la lenta burocracia árabe hacen, aquí y en Nueva York, que un vuelo internacional o local se convierta en algo con una dosis de tensión sólo superadas con la misma proporción de paciencia y tranquilidad. "Ahora no puedo coger, llama en dos horas", respondía Bahim.
El embajador se encontraba de viaje e hizo sus veces Mohamed Labat, uno de los siete fundadores del Frente Polisario. Su pasado de combatiente queda oculto tras su cortesía infinita y su apacible saber estar dentro de un pequeño edificio vigilado. Un impresionante asado, ensalada, frutas y gurek ( un rollito de primavera de cordero) sirvieron para constatar que la generosidad saharahui no es un estereotipo. Alcohol, ni gota. La religión tiene un fuerte peso en el RASD pese a ser uno de los estados con una estructura más democrática y homologable a Occidente.