La próxima legislatura podría ser en la que por fin llegase la paz. ¿Eso condicionará la actividad política?
Hombre, creemos que el objetivo de la paz es, por dignidad, el primero de todos, conseguir la paz es algo a lo que siempre hay que estar dispuesto a sacrificar objetivos completamente legítimos y objetivos a los que en otras circunstancias sería normal aspirar. En ese sentido sí puede verse condicionada. Pero la paz tiene que ir acompañada, además, de la normalización política de la que es un ejemplo la legalización de todos los partidos y, correlativamente, la utilización exclusiva de los cauces políticos y la consecuencia de que no se van a aceptar ni pretender ventajas políticas aconsecuencia del uso o del cese en el uso de la violencia.
Pero los últimos acontecimientos no parecen muy alentadores.
Cuando nos encontramos con esos juicios por acontecimientos ocurridos hace doce años, o con la situación en la que está De Juana Chaos, que según las normas penitenciarias ya tenía que estar en libertad, los sectores sociales más cercanos y sensibles a esa realidad están viviendo en una inquietud y por tanto son comprensibles algunas zozobras en Batasuna que le hacen plantear remilgos y dudas hacia posicionamientos que adoptó en su día, por ejemplo, en Anoeta al aceptar la separación del proceso de pacificación y el de normalización. Hay otros hechos negativos, como lakale borroka , de la que la primera obligación política es apartarse, como hizo Batasuna los primeros días de esta tregua con aquéllas declaraciones de Permach que ahora echamos en falta.
Usted ha dicho más de una vez que el actual alto el fuego es irreversible. ¿Lo sigue creyendo?
Sí, creo que es irreversible. También lo creía en la tregua de 1998-99, e incluso me acuerdo que en los mismos periódicos en los que se anunciaba la ruptura aparecía yo declarando la víspera que me parecía irreversible. Pero a pesar de mi falta de acierto entonces, sí que considero que aquella ruptura de la tregua fue un verdadero desastre por parte de quien la rompió, de ETA, con la responsabilidad de quienes lo provocaron, que se llaman Aznar, Mayor Oreja y compañía, que no estuvieron ni mucho menos a la altura de las circunstancias, y seguramente también con una falta de aportación de todas las fuerzas políticas.
¿Qué es lo que le hace estar convencido ahora?
Sobre todo, que en el siglo XXI la utilización con fines políticos de la lucha armada en un país europeo, como es sin duda alguna Euskal Herria, no tiene sentido, justificación ni posibilidad. La ruptura con el franquismo hace tiempo que dejó de ser una razón porque ya estamos en otros tiempos. Yo creo que a lo largo de esta legislatura se irán dando pasos muy firmes para consolidar la paz, y de hecho estos días se cumplen ya seis meses de tregua. >M.B.