e N el año 2002, los bibliotecarios navarros hicieron la primera y única huelga de su historia: "Por una biblioteca pública de calidad". El acontecimiento sirvió, entre otras cosas, para que, con el ánimo de desactivarla, la Red de Bibliotecas aumentara de categoría (pasó de sección a servicio) y de personal directivo. Los jefes, lejos de agradecer la subida de sueldo, continuaron sin dar ninguna solución a la problemática bibliotecaria.
Muy al contrario. Sustituido el responsable más directo de la Red, se pretendió dar una vuelta de tuerca con el nombramiento del nuevo jefe. Podía esperarse que las formas, más ásperas, compensaran el fondo. Nada de eso. En primer lugar, las formas resultaron demasiado ásperas. Tanto es así, que, ante las quejas generalizadas del colectivo de bibliotecarios, tuvo que implicarse, muy a su pesar, hasta el Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Gobierno de Navarra, cuyo trabajo se concretó en la aprobación de dos programas de Planificación de Acción Preventiva: uno para la Red de Bibliotecas y otro para la Biblioteca General.
Al final parece que sólo han quedado los intentos de dicho Servicio por tapar los problemas, algún que otro supuesto toque al jefe para suavizar los usos y maneras, el cumplimiento sistemático por parte de los responsables del colectivo bibliotecario sobre todo lo concerniente a trámite burocrático y el incumplimiento, también sistemático por parte de esos mismos responsables, de los acuerdos tomados en lo referente a la protección del personal.
Pero la mano de hierro, hierro oxidado, no va unida a la competencia y el buen hacer más profesional. La Red de bibliotecas va a la deriva. Poco sirven inauguraciones a bombo y platillo que sólo intentan tapar la problemática general y hasta la concreta de las nuevas bibliotecas.
Se hace difícil entender que la biblioteca de San Jorge, dentro del Civivox, carezca de puerta que la separe del resto, que nadie esté dispuesto a pagarla (no se les ocurrió ponerla en su momento) y que el día de la inauguración tuvieran que sustituirla por una cinta al mejor estilo C.S.I, presagio de muertos muy vivos. No se comprende que cuando es civivox populi que Mendillorri tiene un altísimo porcentaje de niños, la nueva biblioteca sólo tenga tres mesas para ellos, o que las rampas alpinas de su interior sean el mejor homenaje a los deportes de riesgo. Es surrealista que el propio Gobierno se niegue a cumplir el acuerdo con el Ayuntamiento de Berriozar por el que debe dotar a la biblioteca con dos trabajadores y, en consecuencia, el único bibliotecario, abandonado a su suerte, opte por mejores aires.
Pero lo que raya el tercermundismo es la falta de planificación de los responsables del Sistema en lo referente al personal. Sabedores de que en mayo se agotaron las listas de personal eventual han permitido que aún hoy, en pleno mes de octubre, no exista una nueva, con lo que las bajas no se están cubriendo. El despropósito es todavía mayor, si se tiene en cuenta que este problema menor podría haberse paliado con convocatorias de contratación a través del Servicio Navarro de Empleo, tal y como se hizo en junio para tres zonas.
En consecuencia, tenemos cerradas las bibliotecas de Berriozar, Puente la Reina, Carcastillo y Etxarri-Aranatz, y graves problemas de personal en Zizur, Milagrosa y San Pedro. De todas formas, en otras como Mendillorri, San Jorge, Txantrea, Yamaguchi y en algunas de las citadas da igual que estén todos los trabajadores, pues resultan escasos para tamaña población y bibliotecas. Y como parece ser que la consigna de los responsables de la Red es que todos los servicios de las bibliotecas deben permanecer abiertos a machamartillo, aunque sea materialmente imposible atender adecuadamente a los usuarios, los bibliotecarios se vuelven locos intentando paliar en su puesto de trabajo los errores de gestión de quienes los dirigen.
Ante el desaguisado que han creado, a los responsables de la Red sólo se les ha ocurrido saltarse todas las normas de contratación firmadas entre Administración y sindicatos, y utilizar los servicios de una empresa privada (SEDENA), conocida por sus generosos sueldos.
¿Falta de previsión? ¿Falta de capacidad directiva? Demasiadas debilidades para un sistema en el que, como recientemente ha declarado el Consejero de Cultura " … se viene a afianzar la posición pionera de Navarra como la comunidad autónoma que presenta mejores ratios de oferta bibliotecaria de España". Es de suponer que se referirá únicamente a fondos e instalaciones, y no al capítulo de personal.
Los bibliotecarios son intermediarios entre la Administración, que debe proporcionar unos servicios bibliotecarios de calidad, y los ciudadanos, que deben exigirlos. Si la una no los da y los otros no los piden, muy poco se puede hacer.
* Delegado de personal de ELA en Administración Núcleo y delegadas de prevención del Sindicato ELA en Administración Núcleo