L cierre de cuatro bibliotecas de la red pública de Navarra -Carcastillo, Puente la Reina, Etxarri-Aranatz y Berriozar- y los problemas de horario de atención al público en otros casos, por ejemplo Zizur, han puesto al descubierto un problema que, si bien se está haciendo ahora más visible, se encuentra instalado en esta red de dotaciones culturales de la Comunidad Foral desde hace tiempo. Un problema que, en el fondo, pone negro sobre blanco la falta de eficacia y eficiencia en el ámbito de la gestión cultural. No deja de ser un absurdo difícilmente explicable que una vez puestas en funcionamiento las infraestructuras necesarias para conformar una red pública de bibliotecas, ésta adolezca de tal falta de planificación -la falta de personal y las precarias condiciones laborales de más de un tercio de éste son buenos ejemplos de ese desentendimiento- como para derivar en su cierre. Es decir, el Gobierno ha sabido gastar los recursos presupuestarios -que aportan los ciudadanos- en el cemento necesario para poner en pie las infraestructuras culturales de la red de bibliotecas y para dotarlas, se supone, del material adecuado, pero a partir de ahí ha sido incapaz de organizar un modelo eficaz de gestión para atender las necesidades ciudadanas. Una situación de desatención de los servicios públicos que afecta también, por ejemplo, a las casas de cultura: levantados los edificios y abonado el cemento, falta personal y capacidad presupuestaria para cubrir buena parte de sus potencialidades como servicio ciudadano. ¿Qué ocurriría si una vez gastados los 12,1 millones de euros para levantar los edificios de la UPNA en Tudela ésta viera reducida su capacidad al mínimo por falta de personal o de recursos materiales? En todo caso, un capítulo más de una de las gestiones políticas del área cultural más errática de los últimos años. Sin olvidar que la nueva Biblioteca General lleva más de 10 años pendiente -comenzarán las obras un mes cercano a las elecciones en Mendebaldea-, y que en el solar donde se habló inútilmente de ubicarla entonces ya está levantado El Corte Inglés. Sólo es otro ejemplo de ineficacia. Y, por cierto, es una idea muy ridícula aprobar un Plan Cultural dotado con millones de euros para intentar vender propaganda cuando sólo quedan ocho meses para las elecciones. Sanz otorgó a Cultura el carácter estrella de su acción de gobierno para estos últimos cuatro años, pero ha quedado muy lejos de tan alta pretensión.