san sebastián. Descuelga el teléfono en su casa de Venecia, con una voz amable y sorprendentemente clara. Una se la imagina sentada en el centro de una habitación repleta de libros y manuscritos, de historias. Acaba de salir publicado en España su primer libro sin el comisario Brunetti, un personaje con el que ha convivido en una serie de 16 libros de misterio. Ahora está trabajando en el número 17 y confiesa que sólo le queda terminarlo. Capaz de publicar una novela al año, reconoce que lo único que persigue es divertirse con lo que hace y ser feliz. Sus libros, traducidos a 26 idiomas, incluido el chino, son un fenómeno de crítica y ventas en Europa y Estados Unidos.
En Sin Brunetti , propone una selección de textos en los que desfilan sus recuerdos personales y una Venecia sin el comisario.
Los ensayos recogidos en el libro son piezas que escribí a lo largo de seis o siete años, cuando estaba colaborando para la prensa inglesa, alemana y suiza. Mi editor me preguntó si estaría de acuerdo en publicar una colección de mis ensayos. Cuando se publicaron en Alemania, la editorial Seix Barral me pidió las copias originales en inglés para traducirlas al castellano, me pareció magnífico.
¿Ha escrito los ensayos con el objetivo de satisfacer la necesidad de hablar sobre sí misma?
No, para nada. Durante un periodo de dos años tuve una columna semanal en una revista alemana. Yo tenía libertad absoluta para escribir lo que me diera la gana. En el libro hay artículos serios y otros que no lo son tanto. Pero no hay nada que los relacione, ni siquiera una idea unificadora.
Lleva en Italia más de veinte años y, sin embargo, sus libros no están traducidos al italiano.
No, y no lo estarán. He leído en la prensa italiana muchos artículos desagradables que hablan sobre mí. Créame, no se trata de que mi sensibilidad personal esté a flor de piel. En dichos artículos se refleja una completa ignorancia, ya que los periodistas en lugar de leer los libros han leído sobre ellos, o se han limitado a conversar con gente que sí los ha leído. En ningún texto se hace referencia exacta a alguna de mis novelas, y eso es algo vergonzoso. Además, están escritos con un tono muy despectivo, con resentimiento, porque alguien que no es italiano se ha atrevido a escribir sobre Italia y los italianos. Si algún italiano que haya leído los libros se sintiera ofendido por lo que he escrito, le pediría disculpas. Me niego rotundamente a escuchar este tipo de comentarios por parte de gente que desconoce mi trabajo.
Pero está privando a los italianos del placer de conocer y disfrutar con su literatura.
En realidad, es algo que no me preocupa demasiado. Muchos italianos ya han leído mis libros. Quienes los han leído y han tenido la oportunidad de hablar conmigo me han comentado lo siguiente: que les han gustado, que están sorprendidos porque alguien extranjero sepa ciertas cosas y tenga esta sensibilidad especial hacia los italianos.
Y estas opiniones, ¿no le animan a traducir sus libros?
No, porque sé que cuando los libros se publican, es mucho mayor el porcentaje de personas que no los leen que las que sí lo hacen. La verdad es que yo no quiero hablar con gente que no ha leído los libros, no puedes hablar con gente que se ha formado sus opiniones sin ningún tipo de información. La gente que no lee libros, no debería hacer comentarios sobre ellos. Yo soy muy famosa en Austria, Suiza o Alemania. Cuando salgo a pasear en Venecia, todos los días, dos o tres veces se me acerca algún extranjero.
Llegó a Venecia en 1981, ¿qué motivo le impulsó a quedarse?
La primera vez que visité Venecia, en 1967, me enamoré de la ciudad. Volví al año siguiente y conocía a una mujer italiana que todavía hoy, 40 años más tarde, sigue siendo mi mejor amiga. Ella y su marido son mis mejores amigos en la ciudad. Les conozco desde hace cuatro décadas. A través de ellos he conocido a sus familias y a sus amistades. Ellos han sido mi introducción a Venecia. En realidad, son como mis hermanos, mi familia. En 1981 decidí que ya había viajado lo suficiente y que ya había vivido en sitios lo suficientemente extraños y había tenido trabajos lo suficientemente variopintos. Había llegado el momento de asentarme. Sabía que no quería vivir en América, y presentía que Venecia era la ciudad en la que terminaría instalándome. Vine aquí por razones completamente emocionales.
¿Cuál es la fórmula mágica que le permite escribir un libro al año?
No hay ningún secreto. Un manuscrito tiene entre 360 y 370 páginas. Si produjera una página al día sería suficiente, y eso no es mucho trabajo. Hay días en los que escribo 20 páginas, y luego quizá paso tres meses sin trabajar. Me gusta hacer bien mi trabajo. Si me doy cuenta de que no he trabajado lo suficiente, me paso un mes escribiendo, me siento en mi habitación y no salgo de ahí.
¿Las historias están en su cabeza antes de que se siente a escribir?
No. En realidad, cuando empiezo a escribir un libro no tengo ni idea de lo que va a ocurrir. Me sucede lo mismo que cuando leo un libro, tengo que seguir adelante para saber lo que está pasando en la historia.
¿Brunetti será el protagonista de más novelas?
Sí, por supuesto, no se preocupe. Estoy trabajando en el libro número 17 de la colección. Me quedan dos tercios para terminar la novela, y sé cómo terminarla, así que sólo tengo que sentarme a escribir.
¿Cuándo supo que se convertiría en una escritora de novela negra?
No lo supe, nunca se me había ocurrido escribir nada de este tipo. Cuando escribí mi primer libro no lo hice pensando en que iba a ser publicado, lo hice para demostrarme a mí misma que era capaz de hacerlo. De la misma manera que me puedo llegar a plantear el reto de tejer un jersey. En realidad, yo no tengo ningún tipo de ambición, nunca he sido ambiciosa. Lo único que quiero es divertirme y ser feliz. Esto es suficiente para mí y me siento muy afortunada por haberlo conseguido.
¿Qué cualidades debe tener un buen escritor de novelas de misterio?
Es imprescindible respetar la inteligencia de los lectores, y también hay que respetar su buen gusto. No puedes ser vulgar, y no puedes contar las cosas de una forma vulgar. No puedes crear una narración demasiado simple, ni debes hacer callar la voz del lector. Tienes que provocar en el lector la curiosidad por saber lo que va a ocurrir.
¿Planea escribir algo que no sea novelas de misterio?
No. He escrito alguna crítica de ópera porque estoy involucrada en una orquesta de la que un amigo mío es el director. Y también he escrito alguna vez textos de discos, ocasionalmente escribo piezas sobre óperas para catálogos y obras.
¿Tiene escritores favoritos?
Sí, por supuesto: Jane Austen, Charles Dickens y Henry James.
¿Qué está leyendo?
En estos momentos estoy experimentando lo que creo que pueden sentir los drogadictos. Hay una serie de libros de fantasía escritos por Philip Pullman a los que puedo considerarme adicta. Una amiga ha estado insistiéndome durante cinco años para que le leyera, yo me negaba siempre. Pensaba, "soy una intelectual, yo no leo literatura fantástica, tendré que esconderlos en el frigorífico, porque se supone que estoy trabajando". Resulta que estoy absolutamente inmiscuida en la fantasía de estos libros.
¿Lee literatura que no sea anglosajona?
Como soy una académica, leo de todo. Leo literatura italiana en el idioma de origen, pero el resto lo leo traducido, y la verdad es que no me gusta demasiado. Me ocurre con la poesía, leo poesía italiana, y me doy cuenta de que esto o lo otro puede ser precioso. Pero sólo la poesía inglesa me deja sin respiración, una línea de poesía anglosajona es capaz de detener los latidos de mi corazón. Esto no ocurre en la traducción, necesitas tu lengua materna para que esto ocurra.
¿Le gustaría volver a vivir a Estados Unidos?
No, ni loca. Puedo ir por trabajo, pero no volveré a instalarme en Norteamérica. Tengo serías dificultades políticas con Estados Unidos. No tengo sentimientos realmente malos, pero no es el país donde me gustaría vivir. Guardo una larga lista de países donde no me gustaría vivir y Estados Unidos es uno de ellos.
¿Es cierto que no tiene televisión en casa?
Nunca en mi vida adulta he vivido con televisión y nunca lo haré. Tampoco voy al cine, leo sobre las películas que se estrenan pero nunca voy a verlas y me niego a ir en el futuro.
¿Por qué no?
Todos van al cine y todos hablan estos días de la película El diablo se viste de Prada . Dentro de tres años habrán olvidado la cinta o no sabrán a ciencia cierta si realmente les gustó alguna vez. A nadie le ocurre esto con Madame Bovary , o con Orgullo y Prejuicio. Con el tiempo, los libros mejoran, y las películas no. Además, el cine me aburre.
¿Dejaría que se hicieran películas a partir de sus novelas?
Ése no es mi problema. Estaría bien. La televisión alemana hizo una mini serie de doce capítulos y la verdad es que la ciudad aparece muy bien. Pero yo no tengo nada que ver con ellos, ni siquiera he leído los guiones.