pamplona. Actor, activista político de izquierdas, locutor de radio. Entrañable, impetuoso y lúcido, poseedor de una memoria envidiable hasta el último minuto de su vida. Irónico y divertido, de carcajada histriónica y mirada profunda, capaz de albergar los recuerdos de una vida. Todo esto fue Al Lewis -y sigue siéndolo, porque los mitos nunca nos dejan del todo-; todo esto, además de Grandpa, el abuelo cascarrabias de la familia Munster que a tantos cautivó desde la pequeña pantalla.
Ahora vuelve a hacerlo, delante de la cámara y de un espejo que nos descubre su lado más humano, en el documental Goodbye, America. Dirigido por el brasileño Sergio Oksman y producido por Elías Querejeta, se pudo ver ayer por la tarde en Civican, como una de las proyecciones especiales del Festival de Cine Punto de Vista. En un principio, la cinta, que se estrena el próximo 2 de marzo en España, iba a ser una película sobre la emisora americana Radio Pacífica, en la que Al Lewis trabajaba como locutor. Pero el actor fue apropiándose del argumento e inspirando su propio guión. "Le conocimos durante el proceso de investigación. No sabíamos que el abuelo Munster tenía un programa de radio y era un activista político, así que la película se fue transformando y Al Lewis fue ganando protagonismo", cuenta Sergio Oksman. Según Elías Querejeta, "como suele ocurrir en los documentales, aquí tampoco hubo un método de trabajo prefijado, sino que la película fue estableciendo sus propias exigencias". En este caso, marcadas por el contenido de la memoria de Al Lewis, que, frente a un espejo y durante una sesión de maquillaje, evoca recuerdos, anécdotas y fantasmas mientras repasa algunos de los momentos más importantes de la historia de EEUU de los que fue testigo -y participante activo- durante su vida. El proceso de creación de la película, cuyo guión "se cambió 377 veces", dice Querejeta, se prolongó a lo largo de más de tres años, en diferentes etapas, y finalizó hacia octubre de 2006. Al Lewis no pudo ver el resultado, ya que murió unos meses antes, en marzo. "Yo creo que si hubiera vivido no habría visto la película, porque en una ocasión le llevé una cinta con material anterior, la puse en su tele porque su mujer quería verla, y él giró la cara y pegando uno de sus gritos, dijo '¡no quiero ver eso! '", cuenta el cineasta brasileño. Tal vez, precisamente, porque fue auténtico, porque no engañó al espejo.
divertido y provocador Cuando comenzó a rodarse el documental, Al Lewis tenía 92 años. Las últimas escenas las grabó con 95 y postrado en una cama, tras haber sufrido un accidente. "Fue él mismo quien quiso terminar la película. Nosotros teníamos cierto pudor, pero lo pidió él", añade Oksman, quien reconoce que fue "toda una sorpresa" conocer al actor. "Yo sólo sabía de su faceta como abuelo Munster. Y cuando le vi en la radio gritando delante de un micrófono y cantando, me impactó muchísimo", dice. "Era ameno y muy divertido, un provocador. Y hasta el último minuto de su vida mantuvo la memoria, el ímpetu y el puro encendido", añade Oksman, quien ha participado en el guión junto a Carlos Muguiro y el propio Querejeta. Frente a un espejo y mientras el maquillaje va transformando su rostro en el del mítico abuelo Munster, Al Lewis recuerda a su madre -la "mayor influencia" en su vida, dice en el documental-, la guerra de Vietnam, la soledad de los presos en las cárceles, la serie que lo lanzó a la fama en blanco y negro, su época de candidato al gobierno de Nueva York por el Partido Verde -"no ganó, pero tuvo 50.000 votos, recuerda Oksman-, los sucesos del 11-S... "Y lo hace siempre de la mano del Monstruo. Hasta de muy mayor, se vestía de su personaje y se ganaba la vida viajando por pueblos de EEUU de feria en feria y presentándose a los niños", cuenta el cineasta brasileño, quien explica que "la decisión de utilizar el espejo se tomó para permitir que, de alguna forma, el actor, el activista político y el monstruo se mirasen".
A este respecto, Elías Querejeta añade: "El espejo es como una pantalla abierta a aquello que estaba en la cabeza del personaje. De hecho, nosotros planteamos una situación y lo demás surgió de él; en muchos momentos, nosotros somos testigos de esa red que tenía en su mente y que fue soltando".
de archivo El documental combina imágenes de Al Lewis con otras de archivo sobre acontecimientos históricos presentes en la narración a través de la memoria del protagonista. Sobre la utilización de estas imágenes de archivo, Querejeta reconoce que "los americanos cobran mucho por la utilización de este material, pero la película lo exigía y hemos utilizado lo que hacía falta. Nunca hay que hacer películas con presupuestos cerrados". Goodbye, America, quinto documental en el que trabajan juntos Oksman y Querejeta, puede llamar la atención por ser una película política, y en concreto, crítica con el poder norteamericano. Sin embargo, sus creadores destacan que "se trata de una película más cargada de humanismo que de política, aunque la política está presente porque fue una parte muy importante de la vida de Al Lewis".
Querejeta anunció ayer que se han propuesto vender el documental en Estados Unidos, donde Al Lewis permanece en la memoria colectiva como icono de la cultura del país. De momento, la viuda del mítico actor ya ha visto la película, y según Oksman, "le ha gustado mucho". "Dice que quedará para generaciones y generaciones de su familia", añade Elías Querejeta.