pamplona. Si echamos la vista atrás, veremos que todo empezó un 18 de abril, un día como ayer... Pero de 1982. ¿Cómo se presentaba aquel día? "Era la típica mañana de rastro; El Boni y yo llevábamos unos tres meses preparando la historia: componiendo las canciones, buscando batería... Ese día había que tocar por narices, éramos los teloneros de un grupo llamado Kaifás", recordó ayer Enrique Villarreal, El Drogas . "El rastro era parte de la vida del barrio más que un mercado de frutas y verduras; bajar allí los domingos por la mañana era lo típico; yo vivía en la plaza, y aunque aún no formaba parte del grupo estaba ahí", contó Alfredo. Pues bien, veinticinco años después, Barricada tuvo a bien rememorar su primer concierto haciendo lo propio en el mismo lugar -el cuarto de estar de la Chantrea- y a la misma hora, las doce del mediodía, del mismo día.
En una mañana veraniega y ante un público integrado por personas de toda condición, la sorprendente actuación se inició con Barrio conflictivo, himno oficioso de la Chantrea durante muchos años: "Buenos días, estamos como la primera vez, sin atrevernos a mirar pa'lante ", dijo El Drogas a modo de saludo antes de encarar Rojo (segundo tema en sonar), Mañana será igual o Esperando en un billar , en los primeros compases del pase: una actuación celebrada en medio de un ambiente inmejorable, habida cuenta de que hasta el tiempo acompañó. Incluso demasiado, para los que tenían que tocar.
A continuación llegaría el momento de Deja que esto no acabe nunca -con Alfredo a las voces-, para proseguir conOkupación, No sé qué hacer contigo y A toda velocidad . A propósito de Alfredo, no podemos continuar sin destacar el hecho de que actuara pese a estar afectado por una fuerte tendinitis: dejando claro una vez más con su proceder que todo es posible cuando sobra pundonor, y así lo reconocieron los presentes: un público que cantó y aplaudió cada vez con más fuerza, integrado por numerosos músicos de la ciudad, la vieja guardia rockera -los que estuvieron ahí en aquel lejano abril y ahí siguen estando- y el relevo generacional, representado por decenas de chiquillos sentados frente a la banda. "Vamos a hacer todos los bolos a esta hora, que así luego tenemos la tarde libre", dijo, pletórico, El Drogas antes de abordar la recta final de la mañana con Oveja negra, No hay tregua -cómo nos sigue poniendo la piel esa letra, cantada por todos... con devoción, prácticamente- y, como no podía ser de otro modo,En blanco y negro . "Muy a gusto, dentro de otros veinticinco años nos veremos por aquí de nuevo", dijo Enrique como despedida en medio de una ovación de verdadera gala y de una masiva petición de más, no sin antes recordar a sus incondicionales que tenían una nueva cita por la tarde. Y es que, estaba previsto que la fiesta, pues eso fue el concierto, una gran fiesta, continuara a partir de las 20.00 horas en la sociedad AKE, de la Chantrea.
Barricada sudó la camiseta de lo lindo y lo hizo en un concierto celebrado a pie de calle, sin tarimas; tocando cara a cara, desde el piso de la plaza. Y es que, veinticinco años después, por medio del presente pase, los comandados por El Drogas demostraron ser más de la calle que el Rastro que los vio nacer; o tanto, por lo menos. Por medio de un concierto breve (cuarenta minutos de duración), pero intenso, damos fe.
No, en la presente crónica no hablaremos de escenarios, telones ni pantallas de vídeo. Nada de lentejuelas ni de otros artificios, toda vez que ni los hubo ni nadie los echó en falta. Únicamente lo haremos de música, de canciones al rojo, sentidas a flor de piel, que volvieron a brillar en la plaza del Rastro... de forma grande. Lujosa. Destilando sabor a barrio como la tierra humedad tras una tormenta de verano. En resumidas cuentas, más que si hubiese habido un gran montaje de por medio.