OS políticos, enredados en sus disputas partidistas, acaban por perder la referencia de la calle. Las cuestiones de Estado, las estrategias de alto calado y la retroalimentación de sus propios discursos les llevan a perder el pulso con los problemas que aquejan a la ciudadanía. Ha quedado de manifiesto en la exposición pública a la que se han sometido tanto el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como el líder de la oposición, Mariano Rajoy, en el exitoso programa de televisión Tengo una pregunta para usted... Además de las cuestiones de actualidad, los jefes de los dos partidos más votados en el Estado han quedado en evidencia cuando la persona que tenían enfrente no les preguntaba por la constitucionalidad del Estatut o la opa sobre Endesa; han sido los temas menudos los que han puesto al descubierto la distancia que separa a la clase política dirigente de los problemas reales de la sociedad.
Sería un error que los partidos que concurren a las próximas elecciones no sacaran una enseñanza de todo lo escuchado y de las reacciones posteriores. La alta abstención registrada en las últimas citas electorales (Constitución Europea, Estatuto Andaluz...) expresa claramente tanto el desinterés por asuntos que parecen lejanos para los votantes como la ausencia de propuestas cercanas e ilusionantes. Quizá por eso, este fin de semana algunos partidos se han aplicado en la tarea y han tratado de buscar ese acercamiento, si no de manera material, al menos en la proclamación de intenciones. Algo anticipó ayer Zapatero cuando sugirió a las gentes de su partido responder "a cada insulto con una propuesta y a cada descalificación con una idea".
En esa línea, NaBai presentaba sus 40 candidaturas con el mensaje de que "hay otra forma de hacer las cosas y de ver el mundo", que acompañó con una serie de conceptos de nuevo cuño que buscan por igual el compromiso y la cercanía con el electorado. Utilizar permanentemente el pasado para poner en evidencia al adversario, echar mano de la mentira o despertar miedos infundados son recursos que aburren por manidos y que ponen en evidencia la ausencia de argumentos para acercarse a los problemas reales de los ciudadanos y darles respuestas eficaces.