bilbao. El Gobierno y las instituciones vascas tributaron ayer en Bilbao, en nombre de la sociedad vasca, un emotivo y cariñoso homenaje a las víctimas de ETA y entonaron un sincero y explícito "mea culpa" por el silencio, olvido, indiferencia y abandono en que se les ha tenido en el País Vasco.
El acto público de reconocimiento y contrición de los representantes de la sociedad vasca hacia quienes más han sufrido las consecuencias del terrorismo, organizado por la Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco, estuvo presidido por el lehendakari del Gobierno Vasco, Juan José Ibarretxe, arropado por todos los consejeros de su Gobierno, el presidente del Senado, Javier Rojo, y las primeras autoridades de Vizcaya y Bilbao.
Al mismo asistieron unas 1.500 personas, según datos facilitados por Lehendakaritza, de las cuales 140 eran víctimas directas del terrorismo de ETA y familiares, que casi llenaron el Auditorio del Palacio Euskalduna de Bilbao, con capacidad para 2.200 espectadores.
Además de los partidos que integran el Ejecutivo vasco (PNV, EA y EB), el homenaje contó con el respaldo y participación de dirigentes del PSE-EE y de Aralar, de la patronal vasca Confebask, la Universidad del País Vasco, los sindicatos CCOO, UGT y ERNE y grupos como Gesto por la Paz y Lokarri, entre otros, y con la ausencia del PP Vasco, el sindicato ELA y las organizaciones de la izquierda abertzale.
El acto comenzó con la proyección del documental de Manuel Palacios titulado Sin vendas en la memoria , que recoge el testimonio de doce víctimas del terrorismo, tras lo cual tomó la palabra el escritor vasco Ánjel Lertxundi, quien se dirigió a las víctimas en nombre de toda la sociedad vasca.
Lertxundi, comprometido con la causa de la libertad y la democracia, destripó en su discurso, en el que también reconoció el padecimiento de las víctimas "tantas veces incomprendido", la forma en que el terrorismo consiguió pervertir a la sociedad vasca y obtuvo su silencio ante las barbaridades cometidas, "lo que facilitó las siguientes", evidenció.
Los momentos más emotivos del acto llegaron cuando tomó la palabra el lehendakari Juan José Ibarretxe, quien leyó un manifiesto institucional consensuado entre todos los partidos que apoyaron el homenaje y redactado por él, el director vasco de Derechos Humanos, Txema Urquijo, y la Directora de Atención a las Víctimas del Terrorismo, Maixabel Lasa,
En el discurso, el lehendakari abordó, sin ambages, medias tintas o eufemismos, la responsabilidad de la sociedad vasca y de sus instituciones por no haber podido garantizar los derechos más elementales de todas las personas ni haber sabido "romper el muro de silencio que la violencia iba edificando" en torno a sus víctimas.
"lo siento" Ibarretxe entonó, en este sentido un "lo siento colectivo por los errores que hayamos cometido a la hora de expresar nuestro cariño" y afirmó que "el presente acto, lejos de constituir el punto final de nada, debe ser interpretado como un estímulo para intensificar el trabajo a favor de las víctimas".
El acto prosiguió con la entrega de una placa con una serigrafía de Eduardo Chillida a Pepi Murua, viuda del ingeniero jefe de Iberdrola Jose María Rayan, encargado de las obras de construcción de la central nuclear de Lemóniz (Vizcaya), secuestrado y asesinado una semana más tarde por ETA en los primeros meses de 1981.
El discurso de respuesta de las víctimas al acto de ayer corrió a cargo de Manuela Orantos, viuda de un guardia civil asesinado por la banda en 1980 quien tras pedir un minuto de silencio "en recuerdo de las víctimas y para que no haya más asesinatos", reconoció que "ustedes, los vascos, han dado hoy -por ayer- un paso importante y no saben bien lo que lo agradecemos quienes venimos de fuera". >efe