d EL impulso cultural y el desarrollo de iniciativas de alfabetización a la quema de libros en los Autos de fe. La trayectoria de las bibliotecas durante la II República y la Guerra Civil, una malograda historia en la que el espíritu de la capacidad transformadora del libro quedó sepultado junto a miles de ejemplares en las piras del franquismo, se representa en una exposición que permanecerá en el Planetario hasta final de mes. Realizada por la Biblioteca Nacional y adaptado por la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria como exposición itinerante, la muestra, que recorrerá diez ciudades del Estado durante 2007, llega a Pamplona de la mano de la Asociación Navarra de Bibliotecarios (Asnabi).
La creación, en 1931, de las Misiones Pedagógicas y de la Junta de Intercambio y Adquisición de libros para bibliotecas es el punto de partida de la exposición. Una nueva iniciativa a cuya sombra surgirán los más variados centros de lectura y divulgación. Tomás Navarro Tomás, Juan Vicens, Teresa Andrés, Jordi Rubió y María Moliner, bibliotecarios en aquella experiencia, sirven a la muestra como guías de la época y, a través de sus vidas, el visitante se acerca a las más variadas experiencias. "La exposición aspira a recuperar el espíritu de una época que confiaba en la capacidad transformadora del libro y en el vehículo imprescindible para lograrlo, las bibliotecas públicas", relató Asun Maestro, presidenta de Asnabi.
El crecimiento de estas instituciones entre 1931 y 1936, según explica la muestra, se vio súbitamente roto con la guerra, a la que la exposición dedica su segundo apartado. Bibliotecas itinerantes, libros en dirección al frente, y los primeros apuntes de la destrucción que se avecinaba. Sin olvidar que, como en todos los conflictos, muchas páginas fueron arrancadas en uno y otro bando.
Ejemplo de la apuesta educativa de la II República son los textos que acompañan a la exposición. Palabras de Federico García Lorca o Miguel Hernández, en inauguraciones de la Biblioteca Pública de Fuentevaqueros y la biblioteca de la 1ª Brigada Móvil de Choque, respectivamente.
en el frente Durante el enfrentamiento, además del esfuerzo realizado por los bibliotecarios para llevar la cultura al frente, en especial los republicanos, los libros se vieron inmersos, de forma literal, en el fuego cruzado. De hecho, la exposición relata su uso como parapetos cuando la batalla alcanzó la Ciudad Universitaria, o la curiosa comprobación del brigadista Bernard Knox: más de 350 páginas permitían a una obra paralizar una bala.
Tras la victoria franquista, y como último panel de los 41 que componen la exposición -además de dos pantallas con reproductores de vídeo-, la gran pira en la que libros "separatistas, liberales, marxistas, anticatólicos, del romanticismo enfermizo, pesimistas, pornográficos, de un modernismo extravagante, cursis, cobardes, seudocientíficos, textos malos y los periódicos chabacanos", arderían para la construcción la España una, grande y libre, según recoge el diario Ya . El motivo, la celebración de la Fiesta del libro en 1939. Una fiesta en la que los textos de autores como Marx, Voltaire o Freud serían reducidos a cenizas.