CABO de leer en la revista Consumer un interesante artículo firmado por María Vázquez Reina y titulado Por qué los finlandeses educan mejor . Es una lectura aconsejable para cualquiera, y yo la recomendaría especialmente a quienes, tras las elecciones que se celebrarán el próximo domingo, adquieran en breve algún tipo de responsabilidad en las estructuras político administrativas municipales o autonómicas. Como el artículo es fácilmente localizable en Internet, no merece la pena extenderse demasiado en explicaciones sobre el mismo, aunque me ha parecido interesante plasmar aquí algunas breves pinceladas.
En Finlandia existen 1.900 bibliotecas públicas, las cuales dan servicio a los aproximadamente cinco millones de personas que conforman la ciudadanía finlandesa. Mediante una sencilla división se comprueba que en Finlandia existe una biblioteca por cada 2.632 habitantes. Eso es como decir que para una población de 180.000 habitantes existen unas 68 bibliotecas, o que para una población como la navarra -de, aproximadamente, 600.000 habitantes- harían falta unas 227. Creo que por aquí nos faltan unas cuantas para llegar a esa cifra.
Éste de las bibliotecas no es ni mucho menos el factor que más influye en el éxito del sistema educativo finlandés, y el artículo citado expone con meridiana claridad el resto de factores -que, sorpresivamente, no siempre tienen un componente económico y, en cambio, están en gran medida relacionados con altos niveles de democracia y equidad-, pero es un detalle que dice mucho sobre la mentalidad finlandesa.
Otro aspecto de la educación finlandesa me ha recordado algo que las personas consideradas como buenas hortelanas -aquéllas que tienen lo que se denomina mano verde - saben de sobra: cualquiera que quiera conseguir buenas semillas para el año siguiente debe cuidar con esmero y conservar en su mata los mejores ejemplares de tomate, los más grandes y perfectos. Parece ser que en Finlandia practican una excelente horticultura en materia educativa, puesto que la carrera docente es la más exigente y solicitada, amén de ser una de las más largas (6 años de estudios universitarios para convertirse en docente de primaria), y, por descontado, una de las que suscita más consideración y prestigio sociales. Es decir, que procuran conservar en la mata educativa los mejores ejemplares -quienes más sobresalen entre el alumnado-, para convertirlos en el semillero -profesorado- que garantice buenas cosechas futuras. Además, las y los profesionales mejor preparados son destinados a los primeros cursos de la educación primaria, dando por sentado que una buena base garantiza un mejor futuro.
Además de leer el artículo propuesto, recomiendo votar el domingo. A ver si conseguimos algunas bibliotecas más, que -de paso- estén dotadas de obras de arte para disfrute del público que acuda a ellas, adquiridas, por ejemplo, a esa pléyade de artistas locales -jóvenes en muchos casos- que sobreviven como pueden, sin otra solución que la de elegir entre la supervivencia y la penuria económica a la que el barbecho cultural de esta tierra aboca a quienes optan por el cultivo de la creatividad.