L viejo discurso del miedo, la retahíla de mentiras y manipulaciones que componen ese falsario imaginario de la venta de Navarra -que alcanzó los más altos índices de bochorno político en la manifestación impuesta por el PP a UPN y CDN contra Zapatero en Pamplona-, fracasó estrepitosamente el 27-M. La derecha navarra se jugó todas sus cartas a la mayoría absoluta en el Parlamento de Navarra y en el Ayuntamiento de Pamplona, pero las ciudadanas y los ciudadanos navarros votaron libre y democráticamente de forma mayoritaria por las opciones -NaBai, PSN e IU- que defendieron la necesidad de un cambio político que aireara las instituciones forales tras 16 años de régimen conservador. En el caso del PSN, no fue sólo Puras quien clarificó su apuesta por el cambio político, sino que tanto la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega como el ex presidente Felipe González defendieron en Pamplona una alternativa política e institucional a la derecha y ese compromiso trasladaron a los ciudadanos. El discurso del miedo ha sido rechazado como chantaje político en Navarra, pero quizá gane en Madrid, allí donde UPN ha trasladado sus últimas esperanzas de seguir aferrado al poder. Toda la campaña acusando al PSN de que las decisiones sobre Navarra las toma el PSOE en Madrid y acaba siendo UPN quien lo deja todo en manos del PP en la capital. Lastimoso. Una campaña política y mediática, dirigida desde los sectores más extremistas de la derecha, llena de insidias, descalificaciones y falsedades para ocultar la realidad social y política de la Navarra real del siglo XXI no puede imponerse a la voluntad democrática de los navarros. Aceptar ese chantaje extremista y antidemocrático, que sólo busca mantener un régimen de poder político centrado en el reparto de prebendas y una gestión de los recursos públicos dedicada a contentar los intereses particulares de determinados poderes fácticos, sí sería una venta de la voluntad democrática de la ciudadanía navarra. No tiene sentido político democrático alguno aceptar un chantaje de la derecha más extremista -y de sus grupos de presión- o de los sectores del PSOE que han salido malparados de las elecciones municipales -como Madrid o Valencia- que implica arrastrar por el fango de las miserias políticas la voluntad mayoritaria de la sociedad navarra. Eso sí sería pagar un precio político por Navarra. Una venta deshonrosa de la voluntad democrática de navarros y navarras.