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donostia.
En un asombroso ejercicio de practicidad y juego sin fisuras, Aimar Olaizola se coronó en el Atano III de Donostia como bicampeón del Manomanista. Un hito, el de calarse más de una vez la txapela del torneo más importante de la mano, que sólo habían conseguido quince pelotaris. El último en hacerlo fue Irujo, al que Olaizola II relevó ayer en el trono de la mano profesional, poniendo fin al sueño de Barriola, que pagó en exceso sus nervios iniciales y el 0-7 de ventaja con el que se encontró de salida su rival. Con su solvente triunfo ante Barriola y la consecución de su segundo título manomanista (el primero lo logró tras batir a Irujo en la final de 2005), Aimar Olaizola acalló más de una voz crítica que dice que su brazo derecho no tiene la misma potencia que exhibía hasta antes de la grave lesión que sufrió en 2003. De eso han pasado ya cuatro años y, entre tanto, el goizuetarra ha demostrado estar más que recuperado. No en vano, la de ayer era su cuarta final del Manomanista (ganó la de 2005 y perdió las de 2003 y 2006), una competición a la que le tiene tomada la medida. De hecho, ha alcanzado las semifinales del mano a mano en las últimas cinco ediciones del torneo. Aimar reconoció en la elección de material del pasado jueves que respeta todas las críticas. Sin embargo, reveló no entenderlas, sobre todo a tenor de los resultados. Ya entonces tenía motivos para estar molesto, pero ayer, con su juego y con su triunfo, añadió un argumento más para justificar que ha sido, es y sigue siendo un gran campeón.
Aimar fue la cara. La cruz se la llevó Barriola. El leitzarra tenía previsto llevar a cabo en el Atano III donostiarra la escenificación definitiva de su resurrección. Con todo a su favor (el ambiente, la cátedra...), Barriola no pudo cumplir con su ansiado sueño de recuperar el trono de la mano que una vez tuvo en su poder, allá por 2002. No pudo convertirse en el Ave Fénix total, ese animal mitológico que, consumido por el fuego, resurge de sus cenizas cada 500 años. Habían pasado sólo cinco desde su primera y única txapela manomanista, pero no pudo poner el broche de oro a un excelente campeonato. Al menos, al leitzarra le queda el consuelo de haber reingresado en la elite y haber olvidado definitivamente los problemas en su mano derecha que tantos quebraderos de cabeza le dieron en el pasado. El jueves dijo que había mejorado como persona. También como pelotari.
PATINAZO DE BARRIOLA Aimar Olaizola es un animal de la pelota. Vive por y para ella. Dice Jokin Etxaniz, director deportivo de Aspe, que es el peor rival que te puedes echar a la cara. "Cuanto más le aprietas, más juega". Ayer volvió a demostrarlo. Barriola le había metido presión antes de saltar a la cancha. Lo hizo superando cinco eliminatorias y cargándose, entre otros, al vigente campeón del torneo, Irujo. Pero a Aimar le encantan los retos. ¿Y cuál mejor que calarse la txapela del Manomanista? El goizuetarra se puso manos a la obra desde el principio y ahí fraguó gran parte de su victoria.
Olaizola II saltó a la cancha del Atano muy metido en el partido. Sin hacer ningún alarde se le vio disfrutar en cada pelotazo. Se le notó sereno. Tranquilo. A Barriola le ocurrió lo contrario. Un par de resbalones quebraron su concentración. Su botillero, José Antonio Olaetxea, paró el partido en dos ocasiones. Buscó soluciones. Coca Cola en las suelas para buscar una mayor estabilidad. Pero, para cuando Barriola encontró respuesta a sus dudas, Aimar ya tenía siete tantos de renta (0-7).
Fue entonces cuando se vieron los mejores minutos de Barriola. El de Leitza, al que le había costado mucho llegar hasta su segunda final del Manomanista, no quería desaprovechar su oportunidad. Nadar contracorriente para acabar ahogado en la orilla no era su intención. Le costó trabajo desmontar la defensa de Aimar, pero, armado de la paciencia que le faltó en el inicio, recortó distancias (8-10). Barriola tuvo que trabajar una barbaridad para meterle el miedo en el cuerpo a su rival.
REMONTADA INACABADA Un pelotazo del leitzarra que se estampó en el codo izquierdo de Aimar frenó la reacción de Barriola. El goizuetarra pagó con un soberano golpe su riesgo a la hora de cruzarse por delante de su rival, pero recuperó el saque. Pasó por el vestuario y se recuperó. Tanto que, amparado en su material, algo más pesado que el de Barriola, marcó la distancia definitiva (9-18). El último intento de remontada del leitzarra murió con una arriesgada dejada desde el cuadro seis que acabó debajo de la chapa. Aimar se vio entonces campeón. Bicampeón. Sólo tuvo que refrendarlo con tres tantos que le condujeron hasta la gloria.
Una pista de patinaje. La humedad hizo que el suelo del Atano se convirtiera en una pista de patinaje. Barriola se resbaló más que Aimar.
Aimar, con el codo inflamado. El susto de la final lo protagonizó Aimar. Sufrió un pelotazo en el codo izquierdo y se le inflamó.
La grada estuvo con Abel. La grada se posicionó con Barriola y se mostró hostil con Aimar, al que le reclamaron varios atxikis.
El material, decisivo. Aimar aprovechó su lote, algo más pesado, para hacer la diferencia definitiva.