Las lágrimas en los rostros ya surcados por las arrugas del duro siglo XX de gente como Pedro Andrés Félix Redín, Vicente Lacasia, Eduardo Uribe, Basilio Herráez o José Barajas tenían ayer el sabor de la emoción y el agradecimiento. Setenta años atrás estaban mezcladas con sangre y sudor: lo que dejaron a lo largo de los interminables kilómetros de carretera construida a pico y pala (o, mejor dicho,a pico y palo, porque los malos tratos eran frecuentes) entre Vidángoz e Igal y en otros puntos de la red viaria o fortificaciones construidas tras la Guerra Civil por los batallones disciplinarios de la dictadura de Franco. Los cinco primeros son sólo una pequeña representación de los más de 15.000 esclavos del franquismo que tuvieron la suerte de sobrevivir a aquel calvario desconocido para muchos. Bastantes dejaron en aquella carretera también su vida y a otros el aliento no les ha durado hasta conocer el homenaje que desde Memoriaren Bideak se organizó ayer en este bello paraje entre el Salazar y el Roncal. Es el caso de Rafael Goroño, cuya viuda, Rosario Barrainkua, se lamentaba de ello al pie del monolito. "Con las de veces que mi marido me hablaba de esta carretera...".
Las carreteras normalmente son sinónimo de libertad, de progreso de comunicación... Sin embargo, en aquellos duros años treinta y cuarenta fueron auténticos campos de concentración, en los que el hambre y el frío hacían estragos entre aquellos desdichados prisioneros, a los que sólo les quedaba la solidaridad entre compañeros y el apoyo de los vecinos que se atrevieron a ayudarles al comprobar que eran seres humanos como ellos y no personajes desafectos con cuernos y rabo como los describía casi la propaganda del régimen. "Tuvimos que comer hierba y robábamos todo lo que podíamos", recordó José Baraja que, junto a sus hijos y nietos vino desde su Andalucía natal por primera vez desde aquella penosa experiencia en un tierra tan lejana y ajena para él como los Pirineos.
Sus palabras provocaron los momentos más intensos en un acto que congregó a varios centenares de personas en este lugar, donde desde 2004, gracias a la investigación que realizó el equipo de Fernando Mendiola y Edurne Beaumont, comenzó a fraguarse una cita anual con el pasado para construir un futuro mejor. En esta línea fue la intervención del burguiarra Vicente Lacasia, que tuvo que realizar en la Guerra Civil el trayecto contrario a gran parte de los presentes. Logró refugiarse en Maule, pero muchos kilómetros de carreteras canarias y norteafricanas tienen su firma. "Tenemos que hacer una apuesta por la libertad de las personas y de los pueblos siempre y en todo el mundo. No debe haber guerras. Nunca. En ningún lugar, sentenció antes de que Fermín Balentzia pusiera la nota festiva de un acto que tuvo en la presentación del documental, la exposición y la web sobre Esclavos del Franquismo como colofón.