tudela. Un deleite para los cinco sentidos: La oportunidad para combinar en un solo instante el intenso aroma a albahaca, el del silencio roto por el repiqueteo de campanas, la deslumbrante luz blanca del sol reflejado en el dorado manto, el tacto resbaladizo de una vela encendida y el gusto por vivir el momento alrededor del que giran las fiestas de Tudela. Todo eso y muchas otras sensaciones zarandearon ayer a las miles de personas que acudieron a la procesión de Santa Ana, al día grande de una patrona que, una vez al año, abandona la quietud de su capilla en la catedral de la capital ribera para dejarse llevar en andas por las callejuelas de su ciudad. A caballo entre la fe y la tradición, lo cierto es que la cita ha adquirido ya la categoría de multitudinaria. Prueba de ello es que ayer el cortejo tardó casi dos horas en cubrir el recorrido. A su paso, arropada por el fervor de los tudelanos y tudelanas que abarrotaban todas y cada una de las calles por las que discurrió la procesión, la santa recibió salvas de aplausos, piropos, lluvias de pétalos, jotas... Yal llegar al Mercadal, Santa Ana volverá la cara , le cantó desde un balcón Agustín Pérez Garcés, acompañado de la Rondalla Juvenil Tudelana.
entre dos escenarios Antes de que la calle se convirtiera en escenario popular de la procesión, la catedral de Tudela ejerció de bambalina de lujo. Cientos de personas se acercaron a la recientemente restaurada seo del siglo XII para presenciar el momento en el que la patrona es trasladada desde el Altar Mayor hasta las andas que la llevan en brazos por la ciudad. Los nombres de los encargados de alzarla sobre sus hombros por encima de las cabezas de los fieles guardan estrecha relación con una tradición considerada "un honor" que pasa de padres a hijos. Actualmente se encargan de ello, ayer también lo hicieron, Luis Álava, Javier Moreno, Ignacio Zamorano, Rafael Gamen y miembros de las familias Moracho y Arrondo.
Entre gritos de "guapa, guapa" y vivas enfervorizados, Santa Ana se abrió paso por las calles de Tudela. Como cada año, lo hizo acompañada de su marido, San Joaquín. El bien avenido matrimonio (él encabeza la marcha y abre paso al cortejo) caminó con lentitud y la pareja tuvo que hacer numerosas paradas: Unas veces por la aglomeración de gente, otras bajo los balcones donde joteros y joteras se arrancaban con sus canciones, otras para organizar las hileras de fieles que marchaban a los lados de la calle junto a las imágenes.
Como ocurre desde hace ya años, el blanco y rojo marcó la indumentaria de los participantes en la procesión. No faltó, en la mano de cada uno de ellos, una vela encendida y un ramillete de albahaca. Simplemente ayer, el puesto de velas más emblemático de Tudela el día de la patrona, el de La Chacha que está ubicado en la plaza de San Jaime, puso a la venta entre 800 y 900 unidades de este producto. Al paso de los fieles, la cera derretida acabó formando una gruesa capa brillante y resbaladiza que, durante días, dejará constancia del paseo de Santa Ana por la ciudad. Una vez más, junto a las autoridades eclesiásticas (encabezadas por el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Fernando Sebastián), acompañaron la imagen de la patrona tudelana los miembros de la corporación municipal, el presidente Miguel Sanz y la presidenta del Parlamento, Elena Torres.