Pamplona. No habrá gobierno de progreso. La dirección federal del PSOE comunicó ayer a los responsables del PSN que veta el acuerdo al que habían llegado con Nafarroa Bai e Izquierda Unida, y que deberán facilitar con su abstención la investidura de Sanz. De nada sirvió que la Ejecutiva del PSN, su Comité Regional y las agrupaciones locales, que todo el Partido Socialista de Navarra anunciara públicamente y por unanimidad su intención de liderar un gobierno de "cambio, convivencia y progreso". De nada han servido tampoco más de dos meses de negociaciones, ni que NaBai renunciara a alguna de sus reivindicaciones históricas. La dirección del PSOE ya tenía tomada la decisión.
El secretario de Organización fue el encargado de hacerla pública. Tras algo más de hora y media de reunión en la sede de Ferraz, José Blanco trasladaba a los medios que Miguel Sanz sería el próximo presidente de Navarra, y que no habría elecciones. Lo tenía claro. Minutos antes había hablado con el candidato de UPN, a quien transmitió la decisión de la Ejecutiva, y fue el propio Sanz quien informó a los medios de comunicación que junto a él presenciaban el inicio de las fiestas de Estella. Lo hizo antes incluso de que hablara Blanco. "La posición que ha adoptado el Partido Socialista es dejar gobernar a UPN en minoría con su abstención y luego garantizar de estabilidad", dijo Sanz tras hablar con el dirigente socialista. Estaba feliz, y no parecía sorprendido.
Pocos minutos después, Blanco traslada a la sociedad lo que ya había adelantado Sanz. "No se dan las circunstancias para gobernar con Nafarroa Bai", fue todo lo que, pese a la insistencia de los periodistas, llegó a decir. Ni Blanco, ni ningún otro dirigente del PSOE explicó ayer los motivos del veto al pacto con NaBai. Sin embargo, pocas dudas quedan de que el miedo a la airada reacción del PP y a la repercusión que ésta pueda tener en las elecciones generales del próximo mes de marzo han sido determinantes.
Atrás quedan ahora todas las buenas palabras y grandes intenciones que durante los últimos meses han repetido los dirigentes del PSOE. "El futuro de Navarra lo decidirían sus ciudadanos", respondieron cuando UPN organizó en Pamplona una manifestación contra Zapatero por la "venta de Navarra". Quizá por ello, el secretario general del partido y presidente del Gobierno, prefirió ausentarse de la reunión de ayer. "Respetaré lo que decidan los socialistas navarros", volvió a decir hace tan sólo una semana.
La delegación navarra abandonó Ferraz sin hacer declaraciones. Durante hora y media trasmitieron a la dirección del partido que habían sido las bases y los cargos públicos del PSN las que habían presionado para que Ejecutiva regional pactara con NaBai e IUN. "El PSN asume la decisión del PSOE, pero no la comparte", se limitó a decir en un comunicado Carlos Chivite.
Reacciones Las primeras reacciones no tardaron en llegar, y a la felicidad de Sanz se unió la del Partido Popular. "Es una buena noticia y un triunfo para la España constitucional", dijo la secretaria ejecutiva de Política Autonómica y Local, Soraya Sáenz de Santamaría, que apenas podía disimular la sonrisa. Después de todo, sus socios seguirán gobernando en Navarra.
Distinta reacción tuvieron los que pretendían ser compañeros de viaje del PSN, que pese a todos los esfuerzos, se han tenido que bajar del barco antes de que arranque. "Es un fraude electoral y un veto a la decisión que los navarros expresaron en las urnas", denunció Maiorga Ramírez nada más conocer la noticia.
Ya por la tarde, Nafarroa Bai ofreció una rueda de prensa para valorar lo ocurrido. "El gobierno de convivencia y progreso se ha visto frustrado por el interés electoralista y el egoísmo político del PSOE", lamentó Patxi Zabaleta, que pidió además a Sanz "que tenga la coherencia y la vergüenza política de no aceptar un gobierno elegido en Madrid". La coalición entiende que la decisión del PSOE es contraria a la voluntad de la sociedad navarra, y pide elecciones. También lo hace Izquierda Unida, cuyo coordinador general, Ion Erro, invitó a "una rebelión" a las bases y cargos públicos del PSN, y pidió a los 12 parlamentarios socialistas que favorezcan la investidura de Puras.
Tal vez sea mucho lo que pretende Ion Erro, pero los primeros pasos se han empezado a dar entre las bases del PSN. El malestar se hizo sentir nada más conocerse la noticia en la sede socialista de Pamplona, donde el teléfono no paraba de sonar. La indignación espontánea se transformó en mensaje de móvil, con el que convocó a medio centenar de personas frente en el Paseo Sarasate.
El PSN deberá afrontar ahora el descrédito que sus siglas han sufrido ante sus votantes y ante buena parte de la sociedad, a quienes deberá explicar el sentido de un voto que, pese a ser posible, no sirve para hacer realidad el cambio. Pero tendrá que hacer frente además a los movimientos internos que ya se ha puesto en marcha por toda la geografía foral, y que van a forzar al PSN una profunda reflexión sobre el futuro del partido y el papel que debe jugar a partir de ahora.