estella-lizarra. 250 pañuelos ondearon frente al consistorio estellés para saludar a los ediles cuando éstos llegaron al ayuntamiento. La tradicional pañuelada reunió en las calles de Estella a mozos de todas las edades que al son de Bajo la doble águila bailaron en filas de unas ocho personas impidiendo de esta manera que la Corporación municipal llegase a la casa consistorial hasta una hora después de haber comenzado la marcha.
Cuando finalizó la procesión, los participantes se colocaron en las escalinatas de la iglesia de San Pedro y cuando la corporación municipal estuvo lista, comenzó la música y la comitiva partió de la plaza de San Martín hacia el puente del Azucarero, por Sancho Remírez, calle Mayor, callizo de los Gaiteros y el paseo de la Inmaculada. Una vez que los ediles llegaron al ayuntamiento, éstos se asomaron al balcón y también agitaron sus pañuelos para saludar a los centenares de personas que se encontraban en los bajos del edificio.
Entre las filas que forman la comitiva que comenzaron siendo 20 y que terminaron en 30, se encontraba el estellés Jorge Calvo con sus dos sobrinos, José y Andrés, de 6 y 5 años. Calvo explica que los pequeños comenzaron a participar en este acto hace tres años. "Cuando tenían 3 y 2 años los trajimos por primera vez. Este año, a José ya no lo llevaremos sobre los hombros porque ha dicho que quiere ir andando", apuntó Calvo. El motivo por el que Jorge y su hermano José Luis llevan a los niños es que quieren que esta tradición continúe. "Hay que procurar no perderla".
Entre un grupo de niños de entre 9 y 11 se encontraban Andrés Echávarri, Ángel y Javier Albéniz, Íñigo Mateo y Adrián Cortés. Todos ellos explicaron que se encontraban encantados y que suelen acudir a la pañuelada en cuadrilla.
Sin duda, uno de los niños más pequeños era Beñat Cayetano al que su padre llevaba en brazos con tres meses y medio. "Lo he traído porque es tradición y porque como somos de Estella quiero que participe", explicó su padre Álvaro.
Al ser éste un acto en el que participan sólo los chicos, entre los espectadores, se encontraban numerosas hermanas y madres, que como en el caso de Mariola Martínez de Ibarra, se esforzaban para refrescar a los participantes. "Les echo un poco de agua para que soporten el calor".