pamplona. A sus 30 años, Iñigo Díaz es un dj profesional que vive tanto de su trabajo a los platos como de su función como responsable de programación en la sala Guass de Elgoibar. Conocido también por ser uno de los integrantes de la Asociación El Tajador, que organiza el Certamen Poprock Villa de San Adrián, Iñigo realiza una encendida defensa del dj como músico. "Actualmente muchos dicen que los disc jockeys son músicos frustrados, yo creo que no es así, son músicos que trabajan gracias a la música elaborada por otros músicos. Por lo tanto no existe una frustración en disc jockey sino una manera de expresarse a través de la música de otros. Por otra parte, la música electrónica también ha desembocado en dj's que previamente producen su música en casa y luego la pinchan".
En lo que se refiere a su formación, Iñigo apunta que "se inicia desde muy joven, desde que empiezas a estudiar música hasta que pasas a trastear en radios o en la producción de eventos musicales. Concretamente, la técnica como dj yo la aprendí de manera autodidacta y en la radio, donde trabajé con los primeros platos Technichs. Aquello dio pie a ofrecer nuestras primeras sesiones y esto a su vez me puso en contacto con otros dj's con los que vas compartiendo conocimientos. El autodidacta, de cada evento y cada persona saca un conocimiento".
Con 17 años, Dj Kriptonita ya realizaba sesiones de radio en directo para cerca de 3.000 oyentes. "Pero mi auténtica prueba de fuego se dio en el circuito underground , donde hay mucha gente haciendo cosas muy interesantes y donde surgen las raves (fiestas alegales de música electrónica que no nacen de un interés económico). Estas fiestas fueron las que me dieron la oportunidad de poner en práctica las ideas que tenía en la cabeza pero que no podías llevar a la práctica porque las oportunidades que dan las salas profesionales están contadas con los dedos de una mano. Además, al principio, yo tampoco quería estar dentro del circuito profesional, ya que es un circuito que te limita y te coarta sobre todo en cuanto al tiempo; si me tenía que expresar, una hora no me era suficiente, prefería quedarme en casa o montar una rave. Esta forma de trabajar underground ha hecho que, ahora, mientras haya una mesa que suene, un plato que más o menos gire y un cable que no chisporrotee mucho pueda sacar una sesión adelante".
Actualmente, Dj Kriptonita, además de ser el residente de la sala Guass, pincha regularmente en otros clubes, lo que le da un estatus profesional y le permite vivir de la música. "Algo que realmente yo no vi posible hasta hace más o menos cinco años, cuando llegó un proyecto serio desde el País Vasco, una sala con 15 años de experiencia en electrónica, y creí que tenía la capacidad y la experiencia para afrontarlo. Porque realmente, hasta entonces yo funcionaba como dj amateur simultaneando otros trabajos; eso sí, relacionados con el ocio pero desde el lado de la formación, porque yo soy educador social".
En cuanto a las dificultades, Iñigo destaca que "lo importante es que la sociedad reconozca la de dj como una profesión, a pesar de que no exista una titulación y de que sea muy difícil medir el grado de un artista o su experiencia. Pero creo que quedan muchos años para que esto suceda". Y eso que algunos de estos músicos trabajan y viven para la música. "Al margen de preparar las sesiones, siempre estamos a la búsqueda de sonidos. Eso al margen de las horas que físicamente estás pinchando, en las que es muy importante la comunicación con el público, que es la que te hace disfrutar".