NEGAR que el ciclismo vive un mal momento -eufemismo, que no Eufemiano, de crisis- es cerrar los ojos a la realidad. Decenas de ciclistas en el paro, emigraciones masivas a Portugal, carreras que mueren y operaciones que no llegan a buen puerto son signos inequívocos de que algo sucede. Las empresas ven que el ciclismo casi ha pasado a formar parte de la sección de sucesos de muchos medios de comunicación y prefieren que su nombre no se asocie a EPO, autotransfusiones, registros policiales y conflictos para los que no se encuentra solución, pero si desunión.
Se están marchando los patrocinadores: Discovery Channel y T-Mobile, quizá los dos más potentes del mundo, se han ido definitivamente hace escasos días. Otros, como Crédit Agricole y Gerolstiener, ya han puesto fecha de caducidad a su esponsorización. El resto se merece un aplauso, porque presiones seguro que las hay.
Son los mecenas potentes los que ocupan páginas cuando se van, pero la criba está afectando bastante más al ciclismo modesto, al que la UCI ha dejado de lado -más si cabe- desde que ha puesto en marcha su desastroso ProTour, con el que los ricos se regodean en su riqueza mientras para los pobres quedan las migajas.
Por ilustrarlo con datos, España ha perdido cinco equipos en tan sólo dos años. De 14 a 9. Podría parecer que la cosa no está tan mal al comprobar que en 2004 sólo había 8, pero hay que ver los matices. Entonces no existían los equipos continentales, esos que están a caballo entre lo profesional y lo amateur. España tenía ocho equipos, pero cinco de Primera División y tres de Segunda.
Efectuando un paralelismo entre Primera y ProTour, España ha perdido mucho peso, descendiendo de cinco a tres equipos en la máxima categoría del ciclismo. Y entre ellos uno (Caisse d'Epargne) persiste gracias a un patrocinador francés y otro (Saunier Duval-Scott) rellena un buen pellizco de su presupuesto con una firma estadounidense. El tercero, el Euskaltel, tiene su propia filosofía.
mayoría de entidades públicas Otro dato preocupante es la presencia, cada vez más amplia, de instituciones públicas en los maillots. Que no es que sea malo, pero revela la falta de compromiso de la empresa privada. Actualmente, o en los últimos años, se han visto por las carreteras equipaciones con las denominaciones Euskadi, Andalucía, Galicia, Murcia, Extremadura, Comunitat Valenciana, Illes Balears, Fuerteventura, Canarias, Catalunya, Fuenlabrada, Cantabria, Costa de Almería o Costa Blanca, sin olvidar al Reyno de Navarra de pista. Sin los apoyos gubernamentales perviven pocos equipos, y muchas instituciones terminan yéndose hastiadas, como pasó con la Generalitat Valenciana, viéndose envuelta en un escándalo de dopaje que no le generaba sino mala imagen y críticas políticas hacia el Gobierno que apoyó la financiación de aquel equipo.
Bien es cierto que la llegada del UCI ProTour multiplicó el número de equipos. También es verdad que con muy poco dinero se podía constituir una formación continental y eso animó a muchas empresas. 2006 fue el año del apogeo, con cuatro equipos en el ProTour, cinco profesionales y otros cinco continentales. Pero ese año pasaron muchas cosas, como las detenciones de Manolo Saiz, director del Liberty, e Ignacio Labarta, segundo director del Comunitat Valenciana, que provocaron la desaparición del primer equipo, heredero del mítico ONCE, y una nueva explosión en el ex Kelme que le llevó por el mismo camino.
Por otros motivos se fueron Kaiku, despreciado por la Vuelta a España tras dos magníficas campañas, y un equipo que fue un desbarajuste desde su gestación: el 3 Molinos Resort murciano, que vuelve este año a la palestra de la mano de Grupo Nicolás Mateos, una empresa que se desvincula del equipo continental que ha patrocinado dos años, y que se ve obligado a desaparecer, para crear una nueva escuadra profesional.
menos equipos modestos Dos proyectos en esta categoría no saldrán a la carretera en 2008: el Fuerteventura-Canarias de Óscar Guerrero (parece que el director navarro nunca podrá participar en la Vuelta a España, lo que ahuyenta a sus patrocinadores), tras un solo año de vida, y el Relax, que tras la marcha del segundo sponsor, Gam, no ha podido cerrar un presupuesto y se va tras convertirse en el eterno modesto con los nombres de Deportpublic, Castellblanch, Mx Onda, Estepona, Brepac, Toscaf, Fuenlabrada y Relax, con el paréntesis de la fusión belga Relax-Bodysol. El año pasado apostó por fichar barato a sospechosos como Mancebo, Sevilla, Vicioso y Santi Pérez, pero la apuesta no salió bien y este año, a última hora, el equipo se ha desintegrado.
Además, los equipos continentales se han reducido de cinco a dos. La escasez de calendario y la modestia de éste (han de correr pruebas de aficionados para completar unos mínimos días de competición) han propiciado que el escaparate de los medios no haya sido muy jugoso. Sólo siguen el Orbea, gracias al apoyo del Euskaltel, del que es filial, y Burgos Monumental (ex Viña Magna), merced a que su patrón es un enamorado del ciclismo.
Tal es la situación que ya es positivo que Karpin-Galicia y Andalucía-Cajasur no sólo sigan como equipos profesionales, sino que sus patrocinadores afirmen que están contentos. La buena noticia es el salto de continental a profesional del Extremadura, con una plantilla que apuesta por la tierra. Eso sí, ha costado, y mucho. La UCI rechazó en un primer momento su inscripción debido a que un patrocinador les dejó tirados en el último momento. Toda la ilusión se iba al garete, pero directores, ciclistas y auxiliares decidieron dar un paso adelante, novedoso, y constituyeron una especie de cooperativa -los términos de esa unión aún no se han hecho públicos- y han conseguido que Extremadura, que apenas cuenta con referentes en el deporte de elite, tenga un equipo profesional.