ace cinco mil ejemplares de este DIARIO DE NOTICIAS, quizá usted y yo ni nos conocíamos. Ahora, pasado este periodo introductorio, quizá podamos ya pasar a mayores. Más que nada porque con el tiempo, y el día a día de este periódico, han ido sucediéndonos historias, y aunque sea de los que ven que todo cambia demasiado lentamente, que la inercia sigue siendo más una losa que aplasta cualquier iniciativa de cambio, lo cierto es que eso nos ha ido cambiando. De manera irremediable.
Como me acusan de cebarme más en el lado negativo de la actualidad, aprovechando esta celebración cincomilera miraré el lado lleno del vaso. Por ejemplo, en el número 4.999 de este diario, leía algo que sólo esos miles de días antes habría sido impensable: que el parlamento de esta comunidad tan foral aprobó la creación de un servicio de atención ciudadana a lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros. Cierto que todavía siguen existiendo ataques homófobos, y no hablo sólo de violencia contra la gente como el infamante caso reciente de un ataque en San Juan, que no convocó a las autoridades a manifestarse contra ese terrorismo, sino de ese estado de cosas que todavía tardará generaciones en cambiar, antes de que se eliminen esos prejuicios de género, de orientación sexual...
Pero van cambiando las cosas: hace ocho años se comenzó por regularizar la situación de las parejas estables no casadas, de forma pionera en Navarra, y ya hace dos años que se legisló el matrimonio homosexual. Y eso a pesar de que graznen los de siempre (y de sentencias pendientes del Constitucional). Hace cinco mil números, sin embargo, parecía aún imposible que el dedo acusador de la lógica ciudadana apuntara a la falta de moderación que tiene la jerarquía católica, y miren estos días cómo finalmente la gente está perdiendo el miedo a denunciar este tipo de cosas. Sólo por éstas y otras pequeñas historias, merece la pena ver dónde nos colocamos dentro de otros cinco mil. ¿Nos leemos entonces?