pamplona. El Centro Huarte de Arte Contemporáneo reanuda su actividad expositiva con cuatro propuestas muy diversas en la forma y en el fondo que, sin embargo, comparten una misma intención, fomentar la implicación del público como elemento indispensable para dotar de sentido y, en algunos casos, incluso para poner en funcionamiento las obras de arte. Es el caso de Roberto Aguirrezabala y su proyecto de net.art en torno a las relaciones virtuales, o de la plataforma pedagógica Esto no es una exposición , que proporciona al espectador tantos debates como desee a través de distintos formatos de vídeo, fotografía y otros documentos. Y lo mismo ocurre con las piezas audiovisuales de Keren Cytter, que abordan asuntos cotidianos como el amor, el sexo, la envidia, el odio o los celos, y con el gran mural con el que Hugo Canoilas envuelve al visitante, instándole a tomar postura acerca de la violencia connatural al ser humano desde el comienzo de los tiempos.
Las cuatro exposiciones reflejan, a juicio del director del espacio de Mokarte, Enrique Ordóñez, las "señas de identidad de lo que el centro quiere ser". Rasgos que se traducen en una apuesta por "educar en el arte", llegando cada vez a más públicos a través del acceso gratuito al centro y trabajando "en red" con otras instituciones. Esto último queda en evidencia en la acción colectiva Esto no es una exposición , instalada en la gran estancia del segundo piso.
El proyecto, realizado en colaboración con Imanol Aguirre, profesor del departamento de Psicología y Pedagogía de la Universidad Pública de Navarra, se basa en una idea de Carles Guerra, que ya desde el título propone al espectador que se acerque a esta propuesta con una actitud diferente a la que normalmente se adopta cuando se asiste a museos o centros de arte. "Hemos intentado devolver la exposición a su uso público", esquivando, incluso, la logística pesada que suele ser habitual en las muestras artísticas y dejando a cada usuario que escoja qué obras le incumben según sus propias experiencias e intereses. En este sentido, la sala se articula en torno a un variado conjunto de obras que no obedecen a un único tema, sino que configuran una lista heterogénea de tópicos. Así, la escuela, la guerra, la fábrica, lo global, la arquitectura, la ciudad, la música, las vacaciones y varias entradas más ordenan y aglutinan fotografías, vídeos y otros materiales agrupados por afinidades temáticas más que por formatos. "Hay obras complejas, incluso desagradables, y otras que generarán empatía y sensación de placer", explica Guerra, pero todas, insiste, son mucho más que meros objetos de contemplación. Tanto es así, que aspiran a circular y a ser transportadas a otros espacios, constituyendo "paquetes de recursos para docentes". En definitiva, la finalidad última de esta propuesta es convertirse en una anti exposición , transformando la sala en un centro de recursos para los usuarios más próximos, que, si así lo desean, "podrán llevarse una copia de los trabajos que elijan para verlos y analizarlos en otros espacios y con otros tiempos".
Esto no es una exposición incluye aportaciones de artistas como Bruno Serralongue, Azra Aksamija, Jeremy Deller, Vesseline Nikolaeva, Florence Lazar, Alejandra Riera, Walid Raad, y de otros como Jordi Colomer, Ignasi Aballí, Raimond Chaves y el colectivo Cinema en Curs, que contribuyen con actividades en colegios. Funcionan a modo de prólogo dos trabajos muy distintos que giran en torno a la misma temática, la fábrica. Son Numax presenta , documental que Joaquim Jordà realizó en los 70 sobre el cierre de una factoría de Barcelona, y una serie de diapositivas que Allan Sekula tomó de la salida de los trabajadores de General Dynamics, en San Diego (California) en 1972, "dos modos de debatir sobre el mismo asunto".
vínculos reales y ficticios Un nivel más abajo, en el primer piso, Roberto Aguirrezabala y Keren Cytter coinciden en el fondo, la reflexión acerca de las relaciones interpersonales, aunque no en la forma. Aguirrezabala ironiza en la sala Plataforma sobre los contactos que se establecen por Internet a través de una pieza de net.art dividida en dos partes y que, a diferencia de lo que sucede en la red, donde todo alcanza una velocidad vertiginosa, "requiere de tiempo y sosiego para descubrirla", explica la comisaria Roberta Bosco. Así, de un lado, el artista vasco propone una historia interactiva que el espectador reconfigurará en función de sus propias experiencias. "Al principio, te piden qué tipo de historia quieres vivir, de amistad, amor o sexo", cuenta Bosco, y, a partir de ese momento, te encuentras con un amigo virtual o un robot conversacional que te irá guiando por la narración. En paralelo, el visitante puede contemplar una ficción protagonizada por dos personajes que se conocen a través de Internet, y poco a poco, a medida que se adentra en diversos niveles del juego, irá descubriendo qué relación tienen ambas historias.
Con esta propuesta, el creador pretende repensar los objetivos de algunas tecnologías y criticar el interés comercial que se esconde detrás de muchos servicios que "monitorizan a los usuarios para inundarlos de publicidad de todo tipo", apunta la comisaria.
vídeoinstalación En la misma planta, la artista israelí Keren Cytter plantea una videoinstalación en tres partes: Repulsion, Dreamtalk y Mfpig . A medio camino entre los estilos, preceptos y estética de la nouvelle vague francesa, los filmes Dogma y el vídeoarte, sus obras discurren a través de narrativas que se debaten y resuelven indistintamente entre el cine documental, el melodrama y las comedias de situación. Esta estética, que, según el comisario Octavio Zaya, a veces es pretendidamente "cutre", le permite trabajar con total libertad y sin problemas de presupuesto los contenidos que le preocupan y que se refieren a "los fundamentos de las relaciones interpersonales".
"Keren parte de maneras de entrever los conflictos que se generan entre distintas personas: hilvana, rehace y replantea estas cuestiones de un modo que, a primera vista, puede parecer caótico, pero que se apoya en un guión perfectamente estructurado", explica Zaya. Y es que, en algunas ocasiones, las narraciones son documentales de un realismo crudo y, en otras, los personajes interpretan un texto prefijado por la creadora, que plantea un constante desafío al usar la realidad y la ficción como elementos intercambiables de experimentación. En definitiva, Cytter profundiza en asuntos como el deseo, el recuerdo, el sexo, el amor, la crueldad, el temor o la envidia, dándole la forma de un escaparate de curiosidades en torno a la identidad, la conciencia y el carácter.