pamplona.¿Por qué se decidió a montar 'Hay que purgar a Totó'?
Primero porque tengo una gran admiración por su autor, Georges Feydau, y, además, porque nunca había encontrado un momento en mi carrera en el que creyera que me podía permitir hacer una de sus obras. Así que, al llegar a este punto de mi vida, he escogido la más disparatada de todas, porque me he sentido acompañada de uno de los mejores directores de Europa, Georges Lavaudant, y de un reparto extraordinario. El resultado ha sido espléndido y hoy vivo un momento muy feliz y muy animado.
En efecto, se la escucha muy feliz, ¿quizá estaba cansada de sufrir sobre el escenario con papeles trágicos?
No, cansada no (risas). Lo que ocurre es que siempre me ha gustado probar cosas que no haya hecho antes, y ésta es una de las que tenía pendientes, así que me alegro mucho de haber pagado esta deuda.
¿Qué puede contar de Julia Rebollo, su personaje?
Es una mujer prepotente que cree que siempre tiene razón y el centro de su vida es su hijo Totó, un pequeño monstruo de mal criado que está. Y ella supedita la vida de todos los demás a los caprichos y los problemas de su niño. Ésta es la pequeña anécdota que en la obra da pie a situaciones divertidísimas de puro teatro magistral.
¿Y cómo se ve a sí misma en escena en bata y con los rulos puestos?
Estoy encantada (risas). Temía cómo me verían los demás, pero yo me veo fenomenal y parece que los demás también, con lo cual todo ha salido bien. Y eso que era arriesgado.
Seguro que también le ha divertido poder sorprender al público.
Sí (risas). Ha sido una sorpresa para ambos, para el público y para mí. No estoy acostumbrada a sus reacciones, a su alegría. Después de un mes en el Teatro Español, ahora inicio una de las giras más largas que he hecho en mi vida precisamente por eso, porque hemos conseguido conectar muchísimo con la gente.
A estas alturas de su carrera no necesitaba arriesgarse, y, sin embargo, lo ha hecho, ¿es el riesgo parte indispensable de la vida del actor?
Hay que arriesgarse. Una carrera no tiene ningún significado si una insiste en repetirse a sí misma y en pisar caminos trillados. Hay que buscar siempre eso que no has hecho nunca, eso en lo que no te sientes segura y que conlleva cierto peligro. Y así vas consiguiendo una carrera, peldaño a peldaño.
Dicen de usted que es una persona graciosa, pero en la intimidad, ya que en el ámbito público ha trascendido su imagen más seria.
Sí, supongo que los roles que he hecho hasta la fecha condicionan esa imagen pública, pero la imagen privada es suave y con mucho sentido del humor, que es el más importante de los sentidos.
¿Qué sensaciones le están provocando las risas del público?
Muy agradables, como un baño de espuma en un jacuzzi. Me lo estoy pasando genial.
Dicen que la risa es el mejor vehículo para provocar la reflexión.
Es, sin duda, uno de los instrumentos más inteligentes. El humor de Samuel Beckett es mucho más eficaz que cualquier crítica dramática que puedas hacer.
En este sentido, en un género y otro, ¿el teatro debe agitar las conciencias permanentemente?
Toda la sociedad debe hacerlo. Los médicos, los arquitectos... Al teatro se le echa esa carga encima quizá porque puede llevar la crítica social directamente al público, pero creo que es labor de todos y yo trato de hacerlo.
Recientemente la hemos visto en algunos mítines del presidente Zapatero; nunca, hace años y ahora, ha tenido problemas en tomar postura públicamente.
Claro. Y pienso que todos deberíamos hacerlo, sería fantástico que supieras qué piensan de la vida tu médico o tu vecino. En nuestro caso, al tener una repercusión pública, se ve más lo que pensamos, pero la gente se manifiesta en todas partes.
También le habrá llegado que ha habido sectores a los que no les ha gustado nada esa plataforma de artistas.
Bueno... Lo comprendo, ellos tienen una plataforma de deportistas y me parece fantástico. No veo por qué no. La sociedad debe manifestarse, la democracia no consiste en ir a votar una vez cada cuatro años, con cara de pereza y bostezando. La democracia hay que hacerla todos los días, entre todos, pacíficamente, sin crisparnos y sin ponernos talibanes con nuestras ideas.
Sin embargo, no se ha atacado a la plataforma de deportistas que apoyaban al PP con la virulencia con la que se ha tratado a los artistas.
Claro, son maneras de entender la política. El insulto debe ser erradicado total y absolutamente, y en mis preferencias políticas no debe existir, porque el insulto en el ámbito político rebaja al país entero.
¿Considera un insulto que la llamen titiritera?
No (risas). No me parece que sea lo que soy realmente, pero me lo tomo como un título honorífico.
¿Qué le ha parecido el resultado electoral?
Muy interesante. Me gusta que el socialismo tenga cuatro años más para seguir construyendo el estado del bienestar y para corregir errores. Y el PP ha tomado una decisión muy madura, que es la de aplazar todas sus decisiones hasta la celebración de su congreso, lo que es bueno para el país. Ha tenido mucho respaldo y eso también hay que tenerlo en cuenta.
¿Estaría dispuesta a volver a asumir algún tipo de responsabilidad política como ya hizo al frente del Centro Dramático Nacional en los primeros años de la democracia?
No. No tengo ganas de eso, de momento no.
Después de 60 años de carrera, ¿qué le queda por hacer?
¡Espero que muchas cosas! Hay ante mí un camino abierto y tengo delante un banco lleno de señoras que esperan que las represente sobre el escenario, así que muchas cosas. Y espero que todas sean bien apetecibles.