L debate ya está abierto. La comunidad profesional, universitaria y política de Navarra comienza a plantearse la necesidad de cubrir una carencia importante en el sistema sanitario y educativo. La Comunidad Foral, pese a los últimos años de problemas, sigue siendo una referencia a nivel estatal sobre recursos sanitarios, algo que debe tanto a la solvente sanidad pública como a la activa red privada. Sin embargo, sorprende que, detrás de un desarrollo en su día pionero, no haya un sistema educativo público acorde con el peso que el sector tiene en la sociedad. Se asume casi como natural que sea la Universidad de Navarra, una entidad con intereses e ideología propia, quien monopolice la formación superior en las carreras centrales del ámbito sanitario (Medicina...), mientras que la UPNA y la FP pública se ocupen de otras líneas importantes pero colaterales como técnicos de grado medio, Fisioterapia o Enfermería; titulaciones, además, con una larga lista de espera. El respeto a la iniciativa privada es perfectamente compatible con la apuesta desde las instancias públicas por impulsar la implantación de estudios superiores en las ramas que conforman la columna vertebral del sistema sanitario. Y más cuando Navarra cuenta con un entramado de hospitales y una red de profesionales e investigadores de primer nivel integrados en las plantillas de estos centros, que bien pudieran contribuir a enriquecer la formación de los futuros alumnos con su experiencia. La coincidencia física también de un edificio de la UPNA, imbricado en esta zona hospitalaria, apuntala esta idea de sinergias (los estudiantes podrían realizar prácticas muy cerca de su centro de estudio) en un futuro campus sanitario que se convirtiera en la tercera pata estratégica (junto a las ingenierías y los estudios sociales) de una UPNA que hoy deber revisar su mapa de titulaciones de cara a Europa. El beneficio sería mutuo, ya que el sistema sanitario navarro atraviesa por una etapa delicada, entre otras cuestiones, por la falta de médicos vocacionales. El Parlamento, máximo representante de la voluntad de la sociedad, ve con buenos ojos esta posibilidad que, no obstante, compete a la UPNA en virtud de la autonomía universitaria. Su verdadero trabajo sería dar con un modelo moderno y flexible (quizá no una facultad clásica de Medicina) que combine el hecho de ocuparse de esta formación con la investigación.