La Naturaleza ha sometido a nuestra especie a una evolución que ha ido poniendo a nuestros antepasados cada vez más de pie, desde la posición a cuatro patas de un mono más o menos espabilado, hasta la de las mujeres y hombres actuales, hechos y derechos.
La columna vertebral está compuesta de vértebras duras unidas entre sí por discos blandos y sujetas por músculos y tendones, flexibles y elásticos. Todo ello orientado en una línea en forma de S, con doble curvatura, que da al conjunto mucha más resistencia que si fuese una línea recta o con una sola curvatura.
En el Paleolítico los trabajos manuales eran escasos y rudimentarios. La postura ideal para manipular algo, caza o herramienta, consistía en estar en cuclillas, con los objetos en el suelo. Ésta es una postura natural y sana que mantiene la cabeza y los brazos cerca del suelo. Para aliviar las rodillas se apoyaban las nalgas en una piedra o madera. En cuclillas o de pie, el tronco está soportado por las piernas, no por los sufridos discos intervertebrales, que cuando ya no pueden más producen lumbalgias y hasta degeneran en las temidas hernias discales.
Posteriormente cuando hubo que mantenerse largo rato en cuclillas para realizar tareas de molienda, cocina o manufactura, aparece el taburete bajo para descansar las piernas, sin perder el acceso a los objetos del suelo. En esta postura el peso del cuerpo descansa sobre la base de la columna y las posaderas.
En las casa de los ricos del Antiguo Egipto había una silla y muchos taburetes. La silla era un instrumento simbólico, no laboral, que realzaba el rango del jefe de la casa colocando su cabeza por encima de los que trabajan en cuclillas o taburetes. Al igual que el trono de faraones, emperadores o papas, no es un asiento que pretenda ser cómodo sino comunicar el poder de su usuario.
Actualmente se confunde "el sentarse bien" con el sentarse en forma de cuatro. El Dr Staffel en 1884 (en la Alemania de Bismarck) defendía esta postura de ángulos rectos que ya desde la infancia adapta a la persona a una idea de orden y disciplina. Esta posición ha ido empeorando conforme ha aumentado la estatura de la población. Cada generación se encorva más sobre la misma altura de sillas y mesas y se acerca más a la postura del simio con una sola curvatura en la columna.
A juzgar por la escultura egipcia, el aire majestuoso del faraón se conseguía con un ángulo coxofemoral algo mayor que 90º. Este es el ángulo formado por la columna y el fémur, o sea las piernas. Pero la mayoría de las sillas actuales inducen un ángulo menor, lo que nos trata biomecánicamente, no como a faraones, sino como a simios, perdiendo la doble curvatura que nos proporcionó la evolución.
La posición que adoptan los astronautas cuando flotan libremente sin estar sometidos a la gravedad, corresponde a una geometría de mínimo esfuerzo biomecánico. El ángulo coxofemoral es más abierto que el del faraón, alrededor de 120 grados. Mientras la postura del faraón es útil para controlar personas, la del astronauta es la más natural, la más sana para manipular objetos situados a la altura de una mesa. La que menos problemas va a producir a nuestros discos vertebrales.
Si queremos disfrutar de una buena calidad de vida deberemos tener en cuenta que la inmovilidad prolongada no es buena, las articulaciones han de moverse con cierta frecuencia, en el mismo puesto de trabajo o mientras realizamos un pequeño descanso. Y en el caso de necesitar mantenerse en la misma postura durante un periodo de tiempo prolongado, al menos que dicha postura no sea patógena.
En conclusión, cuando trabajes junto a una mesa o frente a una pantalla de ordenador, hazlo sobre una silla cómoda y que te permita la postura del astronauta. Es la ideal para controlar la información que te pueda llegar desde cualquier punto del espacio... o de la red.
(Si quieres saber más puedes leer: ¿Quieres sentarte como Dios Manda? , de Antonio Bustamante).
(*) Área de Salud Laboral de STEE-EILAS