Se hicieron largos los tres cuartos de hora que el público tuvo que aguardar, con impaciencia y disimulando algún que otro bostezo; pero a la salida de los Diálogos de medianoche, a nadie le pesaba ya ese rato de espera. La sonrisa lucía en los rostros de quienes abandonaban la pasada noche del viernes el auditorio de Civican, que se llenó de gente -más de 300 personas entre los que ocuparon las butacas y sillas, el suelo, los que se quedaron de pie y los que siguieron la velada desde arriba, a través de una webcam instalada en la sala de conferencias-.
Todo fuese por ver y escuchar en directo a Joaquín Sabina y Benjamín Prado. Los dos artistas deleitaron al público con sus ripios y versos -algunos pertenecientes a su correspondencia y recogidos en el libro A vuelta de correo -, provocaron risas y dejaron claro que entre ellos existe una complicidad de esas que sólo se da entre amigos de los buenos. La complicidad traspasó la mesa en que se sentaron ambos y se dejó caer entre el público, que por momentos tuvo la sensación de estar compartiendo una sobrecena entre amigos. De los buenos.
de infancias
Sueños a medio cumplir
Sabina y Prado coincidieron en no sentir la infancia como el paraíso perdido. "De niño quise ser mayor", dijo el primero. Además de eso, Sabina recordó que de niño soñaba "con escribir, nunca con cantar". El cantautor relató cómo tras su "marichalazo" -como él llama a la isquemia cerebral que sufrió hace unos años-, se acercó aún más a la poesía. Aunque aclaró que él escribe versos, no poesía: "La poesía la escriben otros" -dijo señalando a Benjamín Prado-. "Yo venía huyendo, no del sexo, pero sí de las drogas y el rock and roll... lo que no sabía es que los poetas eran tan borrachos y tan malas personas", dijo, dibujando las primeras sonrisas entre el público, al que el de Úbeda regaló unos versos en los que recordó sus 14 años, cuando era "aquel adolescente ensimismado, con granos y complejos, que en lugar de empollar física y química mataba las horas rimando, en un cuaderno a rayas, versos llenos de odio contra el mundo y los espejos". Cuando aprendió que "se puede crecer al revés de los adultos.
Benjamín Prado, en cambio, reconoció que de niño "quería ser Joaquín Sabina, pero me he tenido que conformar conmigo mismo y con ser su otra pareja de baile". El poeta aseguró que le habría encantado escribir sus propias canciones, aunque dijo que ha tenido "la suerte de poder escribir alguna a medias con Sabina", a quien agradece que le haya puesto "en boca de todos" y le haya dado "la satisfacción de oír corear mis versos en un estadio". Prado recitó Números rojos , El inmigrante y Pregúntale, Ana Botella -poema que, dijo, "es un cabreo"-, además de Desde que te conozco , para el que pidió la colaboración del público: "Ya que nunca me acompañan con palmas, acompañadme dando pitos cada 7 sílabas, como si fuera un rap".
de poetas, mujeres y amigos
Alberti, González, aquella cena
"Nunca fue Rafael tan caballero, nunca fue Benjamín tan benjamín". Así terminó Sabina el soneto que escribió como presentación del libro de PradoA la sombra del ángel (trece años con Alberti) . "Fuimos amigos de Rafael Alberti hasta que se casó con una... con una", dijo Benjamín Prado, antes de recitar los versos que más hicieron reír a los presentes, de un poema "imitación de El adefesio de Alberti, que escribí buscando el aplauso fácil, porque los poemas de odio matrimonial siempre tienen muy buena aceptación popular", dijo el madrileño. Ángel González también mereció unas palabras de recuerdo. "Nos parece imposible que ya no esté aquí", dijo Sabina en referencia al poeta asturiano, del que se declararon, él y Prado, "dos viudas inconsolables". "Es el muerto menos muerto, y el vivo más noble, listo, gracioso y decente que hayamos conocido nunca", añadió.
Los versos que Benjamín Prado dedicó al de Úbeda "para animarlo un poquillo cuando le dio el marichalazo", y en los que le dice frases de aliento como "que aún es brillante todo lo que tocas" y "que lo que importa es la isla, no el tesoro" arrancaron al público los aplausos más emotivos. Pero volvieron las risas, cuando los artistas relataron, a modo de anécdota, la broma que Sabina y otros tantos gastaron a Prado en una cena en Granada que el poeta madrileño se ofreció a pagar, y de la que surgieron dos poemas. Tras las risas, otra vez la emoción. La provocaron versos como estos de Benjamín Prado: "Mi amor, sigue matándome, que para mí no hay muerte más hermosa que morirme sin ti mientras te espero".
"Ya empiezan a sonar los violines", dijo Sabina, quien aprovechando el momento recitó tres sonetos de amor. El último poema fue Esta noche contigo , que recitó Benjamín Prado dejando claro que, aunque pasen los años, Sabina y él, él y Sabina, serán siempre "los canallas de los portales".