madrid. Sorprendente los gustos que a veces tiene el público de Madrid. Por ejemplo, la complacencia que demostró con la difícil corrida de Ibán. Y no es que hubiera diversión en el tendido, pero el hecho de no haber pitado sino muy tímidamente los arrastres, y es más, ovacionando a un cuarto que ni mucho menos fue toro completo, dice poco bien de esta entendida y en otras situaciones muy exigente afición.
Corrida entretenida, suele decirse. Eufemismo para tapar las verdaderas complicaciones del ganado. ¿Entretenida una corrida que sale a quitarle la cabeza a los toreros?
Desde luego la emoción no la pusieron los toros, en todo caso los toreros, aunque esta vez sin aspavientos ni ruidos que hubieran camelado mejor a la ignorancia. Quede claro, con el riesgo de llevarle la contraria a la cátedra .
Mérito de los toreros, hay que insistir, los tres, capaces de salvar el compromiso sin mayores fatigas. Tres grandes profesionales, muy por encima de los toros.
El más valorado, el maestro Fundi, dictó la primera lección de arrojo y poderío en el que abrió plaza, un manso en todo, de tardas y medias arrancadas, que por supuesto no humilló en ningún momento.
En el menos malo cuarto, que se desplazó por el pitón derecho, pero que por el izquierdo fue lo que se dice un pájaro -toro por tanto incompleto-, se encontró El Fundi con la dificultad insalvable del viento. A éste lo banderilleó con facilidad, destacando un tercer par de riesgo y guapeza. El trasteo fue itinerante, pero no porque faltara mando, sencillamente porque había que acomodarse a las veleidades de Eolo. Así no terminó de armar faena, pero hubo muchos pases muy buenos.
López Chaves anduvo igualmente muy firme, valiente y capaz con el más peligroso del envío, el segundo, que echaba las manos por delante, se frenaba y con la cara por las nubes.
El quinto bis confundió por su movilidad. Pero descontrolada movilidad, hay que precisar. Toro gazapón y mironcete, sin fijeza y a la defensiva, que nunca se sabía por dónde iba a venir. Se creció el toro en el último tercio, y encima el viento. Menuda papeleta resolvió López Chaves.
El primero de César Jiménez se comportó igualmente como un manso redomado en los dos primeros tercios, suelto en el capote, empujando con un sólo pitón en el peto y doliéndose en banderillas. Más atemperado en los primeros compases de la faena de muleta, sin embargo, le faltó clase y duró poco, amén de que por el lado izquierdo no tuvo un pase. Jiménez le cuajó dos tandas a derechas de muy buen estilo.
Ya en el sexto, toro brusco e incómodo, fue inútil el esfuerzo del torero, que esta vez tampoco estuvo fino al matar. El desatino de Jiménez con la espada, la única pega.