Pamplona. No es un piloto que haya quedado especialmente grabado en el recuerdo de los aficionados -ese enrevesado apellido tampoco ayuda-, pero Jody Scheckter fue uno de los nombres propios indispensables en la Fórmula 1 de los años 70.
Tras un arranque muy modesto con McLaren-Ford en 1972 y 1973, eclosionó en Tyrrel-Ford en los tres años siguientes, en los que fue 3º, 7º y 3º en el Mundial y se apuntó tres grandes premios.
En 1977 acarició el título con Wolf-Ford, pero pagó su irregularidad -nueve podios (tres victorias), siete retiradas y un 10º puesto en 17 carreras dejan claro que su agresividad era excesiva, siempre a todo o nada-, y en 1978, de nuevo con esa escudería, dio un nuevo paso atrás al no ganar pruebas y acabar séptimo.
Pero recaló en Ferrari y, por fin, hizo realidad su sueño de convertirse en el único surafricano campeón de la Fórmula 1. Esta vez, compitiendo con más prudencia -sólo dos retiradas en quince carreras-.
Su inexplicable bajón en 1980 -otra vez, con Ferrari, no pasó en ninguna carrera del quinto puesto- precipitó su retirada con sólo 30 años... y el inicio de la travesía del desierto de la escudería italiana, que ya no ganaría el Mundial hasta 2000, con Schumacher. >d.n.