P OR un lado, música clásica, fotografías de Jorge Oteiza, de Francisco Escudero o de una niña con su inmaculado traje de comunión. Por otro, la amabilidad de Fernando, Aitor y Fernan. Entrar en la tienda de Lamia es sinónimo de adentrarse en un pequeño remanso de paz en el centro de Irún. "Un lugar donde se trabaja con ilusiones", dice Aitor.
Se trata del lugar de trabajo de una familia, la de los Larruquert, que este año cumple un cuarto de siglo dedicada a la fotografía. Esta ha sido la excusa para que expongan parte de las instantáneas tomadas estos años en las salas Boulevard Kutxa, en San Sebastián, bajo el nombre La piel estremecida .
Fernando Larruquert (Irún, 1934) cree recordar que comenzó a "hacer fotos con trece o catorce años" a sus primas y hermanas con una cámara "de tipo prismático Kodak que era del tío Enrique". "Pasó el tiempo y empezó a gustarme el cine. A los 16 ó 17 años nuestro atta que era cazador vendió la escopeta y las cartucheras y tras pedirle unas sosas compramos una cámara de nueve y medio Pathe Baby para hacer cine", comenta Larruquert. Con una cámara de segunda mano de blanco y negro "porque el color en esos formatos no funcionaba, hacía prácticas de luz y de montaje", apunta. Después llegó la de ocho milímetros, "una cámara grande para la época". "Me acuerdo de que empecé haciendo un par de cosas que llamábamos de argumento. Posteriormente, Nestor y yo nos metimos en varias aventuras: primero hicimos Operación H , después Pelotari -su primera producción-, Alkezar y Ama Lur ". " Todo ello con una forma de expresar distinta. Nos interesaba, a mí particularmente, nuestra pequeña cultura y la forma de contar las cosas, la forma de contar del bertsolari, la forma de contar de las kopla zaharrak , porque ese era el mundo en el que me había movido desde pequeño", añade Larruquert.
amigos
Algunos ilustres
Poco a poco, a medida que su agenda fue poblándose de nombres ilustres, el archivo fotográfico iba creciendo. Francisco Escudero, Mikel Laboa, José Miguel Barandiaran o Julio Caro Baroja, son sólo algunos. Y cada uno con sus dificultades: "Así como Oteiza era muy expresivo Barandiaran intentaba serlo pero no podía. Habrá sido de los más difíciles. Él quería colaborar y conociéndole como le conocíamos no conseguimos transmitir al verdadero Joxe Miguel. Fue un fracaso", insiste.
Asimismo, Larruquert tuvo ocasión de conocer al maestro Escudero, de quien también fue alumno. "Podría contar muchas anécdotas suyas. Su obsesión era que la composición había que hacerla en la cabeza y si se iba al piano era para corregir un error". Por ejemplo, a Julio Caro Baroja "iba a hacerle consultas, le llevaba problemas para discutir". "Acumulaba temas para no quitarle muchos días si no un rato hermoso una vez de vez en cuando. Recuerdo que tenía una memoria feroz; bastaba que leyera algo para que se acordara toda la vida", dice.
Pero no todos los modelos han sido personajes ilustres. Fernan Larruquert (hijo) pidió a su padre "construir un barco nuevo, los cuatro de casa y si vamos a pique vamos juntos". Quería ser "fotógrafo de pueblo". Eso implicaba hacer fotos de carné, de boda y comuniones. "Suelo citar a Einstein: todos somos ignorantes pero no todos ignoramos las mismas cosas . Efectivamente. Barandiaran, Caro Baroja, Escudero son muy grandes en sus respectivos campos, pero el quesero, el pastor de Aritz Eder, la etxeko andre... Estos personajes humildes, de baserri son muy importantes en lo que saben", explica Larruquert (padre). Y añade, "sin tener ni un céntimo, nos metimos a apalabrar el local donde estamos. Tal vez fue la búsqueda de un salvavidas para la familia. No lo sé, pero la idea me pareció sensacional".
nueva forma de trabajar
Los mejores medios
"Nuestra llegada fue bastante impactante en la zona porque hicimos un planteamiento diferente al que existía: con conceptos distintos y los mejores medios. Estamos al más alto nivel", apunta Aitor. "Siempre estuvimos en contacto con la fotografía por el oficio del aita y que nosotros nos dedicáramos a esto ha sido una transición bastante lógica", comenta Fernan.
Así, reconocen que, a pesar de que las fotografías que más les gusta hacer son a "esos personajes eruditos", su día a día son las bodas, las comuniones y los retratos. "Lo más bonito es conocer gente y ver la ilusión con la que vienen. Después nos dan las gracias y pocos trabajos tienen eso", insiste Aitor. "El cliente que no se convierte en amigo es porque no has quedado bien con él y creo que tenemos bastantes amigos", subraya su padre. Apuntan que, de ese día a día, lo más difícil es "hacer unas buenas fotos para un reportaje de boda". "El tiempo es muy limitado, las circunstancias no las eliges tú, es irrepetible, hay que tener psicología, manejar a mucha gente, eres la única persona que tiene el cronómetro en la mano. Supone un gran desgaste físico y psíquico. Después de 25 años, cuando al día siguiente tenemos boda estamos nerviosos. Y los novios no lo saben", explica Aitor.
Ninguno se atribuye la autoría de las fotografías porque tienen claro que el suyo es "un trabajo en equipo. Nos lo consultamos todo", comenta.
marilen
La imprescindible cuarta pata
Lamia está compuesta por cuatro patas. Las cuatro igual de importantes. Y los 'hombres' de la familia lo tienen claro. "Marilen es tan fundamental como quien aprieta el obturador", afirma su marido, Fernando. "Las mujeres tienen los pies en la tierra y si fuera por nosotros hace tiempos que habríamos cerrado. Es la que mantiene la atención del crío, la que maquilla, la que dirige la mirada, la que ultima los detalles de la jugada. Es imprescindible". Y puede que en un futuro haya más mujeres. Uxue, la hija de Fernan, que a los 5 años ya se hacía autorretratos, ha tenido un premio de fotografía en la escuela. Tal vez dentro de un tiempo sea la quinta integrante del equipo Lamia.