pamplona. ¿Baila o no baila? ¿Es danza o teatro? "Y qué más da, al público no le importan esas cosas y a mí, menos". Así respondió ayer Marta Carrasco al interrogante que la ha "perseguido durante años" y que no obedece más que a la necesidad de etiquetarlo todo de una sociedad que se desasosiega ante lo indeterminado. Y es precisamente ahí, en el incierto territorio entre fronteras donde ha instalado su mundo esta bailarina, coreógrafa, actriz... que ayer intervino en el ciclo Viajeros de la escena que la Escuela Navarra de Teatro organiza dentro del festival Otras miradas, otras escenas del Gayarre.
Durante su encuentro con profesores, alumnos y ex alumnos del centro pamplonés, Carrasco hizo gala de su sentido del humor e ironizó sobre la desprotección de los espectáculos que se catalogan como danza frente a los montajes puramente teatrales. "Nosotros partimos de cero, no tenemos un texto en el que apoyarnos y somos los peor parados, porque necesitamos más tiempo y, por tanto, más dinero para buscar nuestro texto, encontrarlo y trabajarlo; y resulta que nos pagan la mitad que a las compañías de teatro". Y eso que, sólo este año, ella ha hecho 50 bolos de J'arrive, espectáculo que resume trece años de una carrera que se inició, por casualidad, cuando, a los 18 años, "caí en una clase de moderno". "Era tarde para empezar", pero se animó y, en contra de la opinión de su familia, se apuntó al Institut del Teatre. Y consiguió pagarse las clases con todo tipo de empleos, porque tenía claro que debía hacerlo, con una convicción absoluta, con ese "grado de insconciencia" que sigue empleando en todo cuanto hace y que espera "no perder nunca para trabajar y crear".
emociones Desde Barcelona, viajó a París y Nueva York, y volvió para ingresar en la compañía Mudances de danza contemporánea, pero no encajaba. "Yo soy más de emociones, de contar una historia; la ternura y la emoción siempre están en mis espectáculos, lo mismo que la ira o la crueldad, innatas en el ser humano", y "el mundo críptico del contemporáneo, que parece que si no te gusta es que no entiendes, no iba conmigo". Así que lo dejó y pronto entró en Metros, con Ramón Oller, al que ahora no reconoce, "porque se ha vuelto neoclásico", pero que en los 90 "era un maestro que se había inventado su propio lenguaje", un idioma mezcla de teatro y danza que abordaba, sin complejos, sentimientos y tabúes, "lanzándose a la piscina del comportamiento humano". Un planteamiento que encaraba el conflicto sin miedo, no en vano, según la bailarina, "de qué hablamos en el teatro sino del conflicto humano". Oller y Carrasco trabajaron un tiempo juntos hasta que se produjo el "divorcio" de su amistad, que "duele mucho más que el de cualquier amante" y del que, en 1995, surgió el primer espectáculo de la coreógrafa en solitario. "Estaba triste por lo de Ramón y me encerré en la sala de un amigo", donde poco a poco fue gestando este montaje que presenta a una mujer alcohólica, sola, "con su inocencia y con su rabia", que "está a punto de beber a cada instante". Así nació Aiguardent , una propuesta impactante, con "poderosas imágenes" como la gran cama vertical a la que se aferra con el "truco" del velcro. "Creó un nuevo lenguaje en el que el teatro y la danza se fusionaban de una manera creíble", y en el que el uso de objetos no era gratuito, sino que "todos tenían su razón de ser". Y el éxito fue tal que en todos estos años no ha dejado de representarlo, a pesar de que se trata de un solo tremendamente exigente, lo que no le importa, porque siempre ha creído en el teatro como en un arte "sin concesiones"; tanto, que "si no vas a ser generoso, es mejor que no te dediques a este mundo".
Aiguardent viajó por todo el mundo y Marta vio a la gente "reír y llorar" con este relato sobre la soledad, el humor y la dignidad, antes de embarcarse en otro solo. Como si no si no hubiera tenido bastante, "porque el solo es algo muy íntimo y casi te da vergüenza que te miren", creó Blanc D'Ombra (1998), en homenaje a Camille Claudel, escultora y mujer "fascinante" que pasó 30 años en un manicomio tras su tormentosa relación con Rodin. "Se engulleron el uno al otro, sólo que él tenía la boca más grande", de modo que "fue un espectáculo duro, pero conocerla era quererla".
descansar En 2000, llegó Mira'm , ya en grupo y con Carrasco fuera de escena, como directora. "Es el espectáculo al que más cariño le tengo", está lleno de imágenes que componen "un canto a la imperfección" interpretado por un elenco formado por más actores que bailarines, como a ella le gusta. Los primeros "son más torpes en la danza, y por eso mismo todos sus movimientos son más auténticos"; de ahí que repitiera la fórmula, con un papel para ella, en Eterno? (2003), ideado en "una época dura" a partir de textos de Cioran y Dostoievski. Ya entonces comenzaba a preocuparle el tema de la risa, y se decidió a explorarlo con Ga-Gà (2005), "cabaret surrealista" en el que, de nuevo sólo como directora, presentó a una serie de personajes que, en el fondo, "lo único que desean es que les quieran". Como todos, "en parte, los que hacemos teatro es porque queremos que nos quieran".
Ahora, después de J'arrive , "necesito parar, descansar, cerrar una etapa", y centrarse, por ejemplo, en proyectos de otros como directora de movimiento escénico. Lo que no es fácil, "he tenido que batallar mucho para que el actor entienda que el movimiento no es un extra", aunque, gracias a su trabajo, se han traspasado muchas fronteras antes vedadas entre géneros.