vitoria. ETA volvió ayer a asesinar 68 días después de matar en Arrasate al militante socialista Isaías Carrasco, y lo hizo en Álava. Este territorio había esquivado las acciones de la banda armada durante ocho años, pero ayer se cebaron en Legutiano, donde a las 2.58 horas una explosión de importantes proporciones segó la vida del guardia civil Juan Manuel Piñuel Villalón, melillense de origen y que apenas llevaba dos meses destinado en este cuartel alavés a petición propia para luego poder tener destino preferente en Málaga, donde residen su mujer y su hijo. Otras cuatro personas resultaron heridas de diferente consideración, el más grave, el sargento Francisco Javier Cabrerizo, natural de Tudela, fue intervenido al mediodía sin que su vida corra peligro. ETA quiso provocar una masacre, aseguraba el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, haciendo revivir en la memoria alguno de los episodios más sangrientos de su historial. En el momento del atentado, en la casa cuartel había 29 personas, entre ellas cinco niños.
La organización terrorista engorda su trágica estadística y suma la primera víctima de la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, el primer crimen mortal dirigido premeditadamente contra la Guardia Civil tras el asesinato fortuito de los dos agentes del instituto armado en Capbreton, el pasado 1 de diciembre, tras la ruptura del alto el fuego. El atentado, además, acelera la cadencia de las apariciones de ETA. La de Legutiano es la quinta en lo que va de mes.
la explosión
Devastadora
El relato de los hechos se iniciaba minutos antes de las tres de la madrugada, cuando un comando formado por dos o tres personas, según fuentes de la investigación, llegaba al lugar a bordo de dos vehículos, un Peugeot 306 y una furgoneta Citröen Berlingo, que era abandonada frente a la casa cuartel. En ese momento, Piñuel dio aviso telefónico de la presencia de un vehículo sospechoso al Centro Operativo de Seguridad de Vitoria. Cuando estaban comprobando la matrícula, le sorprendió la explosión de la furgoneta, cargada según las primeras estimaciones con más de 100 kilos de explosivo -hasta 300 según algunas fuentes-.
La magnitud de la explosión fue tal que la onda expansiva, según explicaron testigos presenciales que pudieron visitar posteriormente la casa cuartel, rebotó en la parte trasera del edificio para luego afectar de atrás hacia adelante a todo el inmueble, quedando semiderruido. Los bomberos no se atrevían a confirmar si la casa cuartel podrá ser reparada o deberá ser derribada. Un cráter de casi un metro de profundidad y tres de diámetro y restos de la furgoneta a más de 200 metros del lugar del atentado son prueba de la tremenda potencia de la "cantidad sustantiva" de explosivo empleada, en palabras del ministro del Interior, que llegó a Legutiano a primera hora.
víctimas y daños materiales
Un pueblo sacudido
Bajo los escombros, los bomberos rescataron, con suma dificultad y tras apuntalar el edificio por el riesgo de hundimiento, el cuerpo ya sin vida de Juan Manuel Piñuel y el de su compañero, el sargento tudelano Francisco Javier Cabrerizo, de 41 años, que tras dos horas bajo las ruinas pudo ser liberado para ser ingresado en la UCI del Hospital de Santiago. Su mujer y otro guardia civil también resultaron heridos e ingresados en el mismo centro hospitalario y en Txagorritxu, mientras que una tercera agente herida fue dada de alta por la mañana. En ese momento había en la casa cuartel 29 personas, cinco de ellas menores, que fueron evacuadas y realojadas en el cuartel de Sansomendi, donde residirán por el momento.
Al margen de los daños personales y de los provocados en la casa cuartel y las inmediaciones -el Ayuntamiento ha habilitado una oficina para atender las reclamaciones de los vecinos-, los técnicos evaluarán si la explosión ha afectado a la cercana presa de Urrunaga, que se encuentra a apenas un kilómetro del lugar del atentado.
Mientras Legutiano se despertaba sobresaltada de madrugada, los autores del atentado huían en el Peugeot 306 -que fue robado hace un mes en Berango- hacia el alto de Urkiola, donde abandonaban el coche cerca de Abadiño para huir en un tercer vehículo no identificado por ahora. Los terroristas intentaron cubrir sus huellas con un artefacto incendiario que, no obstante, no llegó a estallar y pudo ser desactivado por la Ertzaintza. A partir de ahí, se les pierde la pista.
conmoción
"Indiscriminado"
Desde ese momento, y a lo largo de todo el día, primero Legutiano y luego Vitoria, donde fueron hospitalizados los heridos y quedó instalada la capilla ardiente de Juan Manuel Piñuel, fue escenario de un continuo ir y venir de cargos públicos y políticos. Entre ellos, el ministro del Interior, que acompañado por el director de la Policía y la Guardia Civil, el secretario de Estado de Seguridad y el delegado del Gobierno en Euskadi, y tras visitar el lugar del atentado, mantuvo un encuentro oficial con el consejero vasco Javier Balza, en la que insistieron en mantener su actual línea de colaboración.
Rubalcaba, en declaraciones posteriores a la prensa, subrayó el carácter "indiscriminado" del ataque, con el que, aseguró, ETA pretendía provocar una masacre. Esta es la tercera vez que la organización terrorista arremete directamente contra el instituto armado desde que rompiera su alto el fuego en Barajas en diciembre de 2006 y después de haber centrado toda su actividad en partidos políticos, fundamentalmente en el PSE, durante los últimos meses. En agosto del año pasado, ya ensayó un atentado similar al de ayer contra la casa cuartel de Durango, pero entonces sólo logró causar heridas leves a dos agentes. Algunos fallos en la ejecución del atentado evitaron daños mayores. Ayer no hubo esa suerte, y Juan Manuel Piñuel dejó la vida en Legutiano en un atentado que podría haber tenido consecuencias mucho más trágicas aún.