EL atentado de Legutiano trajo de nuevo a la memoria algunas de las imágenes más negras de la historia de ETA en la forma de los atentados contra la Guardia Civil, entre los que se encuentran algunos de los más sangrientos de su historia. Con la muerte de Juan Manuel Piñuel suma 208 guardias civiles asesinados, así como 77 atentados contra casas cuartel. Estos últimos se han saldado con 33 muertos y más de 240 heridos.
Entre estos ataques contra dependencias de la Guardia Civil sobresalen dos que se cuentan entre los más trágicos de los perpetrados por ETA. Se trata del coche bomba que explotó el 11 de diciembre de 1987 junto a la casa cuartel de Zaragoza, que provocó 11 muertos y 40 heridos, y del atentado, también con coche bomba, perpetrado el 29 de mayo de 1991 contra el cuartel de Vic (Barcelona), con 10 fallecidos y 45 heridos. Ambas acciones se enmarcan en una década, la de los 80 y sus postrimerías, que se caracteriza por ser la de mayor actividad terrorista de ETA en sus intentos por forzar al Gobierno español a sentarse a negociar. Precisamente, el atentado de Zaragoza se constituye en el antecedente inmediato de la acción cometida ayer en Legutiano, así como de la que tuvo lugar el 24 de agosto del año pasado contra la casa cuartel de Durango, en base al arriesgado modus operandi empleado (aparcar el coche bomba junto al cuartel, dándose a la fuga en un segundo coche conducido por otro activista que le seguía a corta distancia, tras lo que se produce, en pocos segundos, la explosión).
Fue el comando Argala que lideraba Henri Parot el que colocó un Peugeot 205 cargado con 250 kilos de amonal repartido en tres botellas de acero ante la casa cuartel de Zaragoza. El vehículo estallaría un minuto y quince segundos después, destruyendo el edificio y provocando la muerte de tres guardias civiles y ocho familiares de agentes, cinco de ellos niños.
En el caso del atentado de Vic, los terroristas lanzaron un coche bomba cargado con 70 kilos de explosivo contra un lateral de la casa cuartel, aprovechando una ligera pendiente de una calle adyacente. El ataque se produjo a las 19.05 horas de la tarde, cuando muchos familiares de agentes se encontraban en sus viviendas y algunos niños jugaban en el patio interior. El resultado fue diez muertos, entre ellos cuatro niños. Sólo la fachada del inmueble quedó en pie.
La casa cuartel de Legutiano ya había sido objeto de un atentado el 14 de mayo de 1982, con un herido.
Otros ataques de similar índole incluyen la colocación de un coche bomba frente a la casa cuartel de Ágreda (Soria) el 16 de julio de 2000, que causó daños materiales y heridas leves a la esposa de un guardia. El 11 de noviembre de dicho año, terroristas colocaron tres tubos lanzagranadas cerca del cuartel de Intxaurrondo y dispararon un proyectil que cayó en sus proximidades. Cuando los agentes acudieron al lugar desde donde se produjeron los disparos, se vieron sorprendidos por una bomba trampa que causó heridas a cinco guardias civiles, tres ertzainas y dos policías.
El 4 de agosto de 2002, la explosión de un coche bomba tras la casa cuartel de Santa Pola (Alicante) provocó la muerte de un civil y de la hija de 6 años de un guardia. Se da la circunstancia de que la no condena de esta acción por parte de Batasuna supuso el pistoletazo de salida para su ilegalización. El 12 de octubre, el cuartel de Urdax (Navarra) fue atacado con granadas sin causar daños personales pero sí materiales.
Con iguales consecuencias se saldaron las explosiones que tuvieron lugar el 22 de diciembre de 2004 en la casa cuartel de Luna (Zaragoza) y el 24 de agosto de 2007 en Durango, aunque en este último caso los desperfectos fueron muy cuantiosos. El pasado 21 de marzo, ETA hizo estallar un coche bomba junto al cuartel de Calahorra (La Rioja), que provocó importantes daños y heridas leves a cinco personas.
El año más duro para el Instituto Armado fue 1980, cuando ETA asesinó a 31 agentes, seguido de los ejercicios 1979 y 1986, en los que los terroristas acabaron con la vida de 22 guardias civiles, y 1978, con 18 víctimas mortales. La peor década fue, con diferencia, la de los 80, cuando hubo años con más de diez muertos, como 1986, con 23 agentes asesinados; 1985, con diez; 1982, con doce, o 1987, con once.