ReSULTA irónico que la misma ciudad que quiere disputarse el título de capital europea de la cultura en 2016 sea una de las ciudades en la que más proyectos culturales fracasan antes siquiera de empezar a andar. En Pamplona la cultura oficial está condenada al fracaso, basta con mirar hacia atrás y repasar uno a uno los grandes proyectos culturales que pasaron de ser estrellas a caer en el más absoluto de los olvidos. Más vale que la vida cultural es otra cosa, algo que no sólo sirve a los políticos para sus fotos electoralistas sino que sirve y debe servir a los ciudadanos, porque gracias a la cultura pueden, entre otras cosas, tener más conocimiento y libertad para cuestionar a quienes les gobiernan. Aquí estamos ya acostumbrados a que museos que se iban a hacer no se hagan o se construyan tarde y de mala manera, lo mismo traten sobre los Sanfermines que sobre Arte Contemporáneo. Aquí se trata de anunciar una gran obra, llámese museo, biblioteca o conservatorio, adjudicar el proyecto, tener una maqueta y luego... si te he visto no me acuerdo. Ahora le ha tocado el turno a la Ciudad de la Música, el proyecto de Conservatorio Superior y Medio y sede de la Orquesta Sinfónica de Navarra cuya construcción debía haberse iniciado ya en Mendebaldea y que finalmente no se hará como estaba previsto ya que la Orquesta nunca tendrá sede en ese solar porque así lo ha decidido el Gobierno. Si a eso se suma la contradicción de que el Grado Superior de música, si es que alguna vez llega a tener edificio, nunca estará en el campus universitario, a pesar de ser una licenciatura, cabe preguntarse ¿de qué ciudad cultural están hablando?