OR lo que el miércoles se oyó en el Congreso, 57 años no son suficientes para cumplir con la sacrosanta Defensa Nacional -incluso en el caso de que tal contribución no sea voluntaria- y, lo que aún es peor, de nada sirve, porque se desprecia, el posicionamiento unánime de los navarros representado en el Parlamento foral. El polígono de tiro de las Bardenas, habilitado en 1951, no es que no vaya a ser desmantelado en diciembre, cuando concluye la prórroga del convenio rubricada en 2001, es que, con los vagos argumentos de Carme Chacón, esta instalación militar se va a consolidar en Navarra de por vida. Según la ministra, en el Estado español no existe ningún emplazamiento con los debidos requisitos operativos, físicos, orográficos y meteorológicos. En cuanto al extranjero, las dotaciones en principio factibles conllevan unas limitaciones de acceso y de disponibilidad que, a su juicio, resultan inasumibles. Explicaciones, en fin, de valía universal e intemporal, además de que Defensa siempre puede recurrir a la expropiación, ya que hace siete años los terrenos del polígono fueron declarados de Interés para la Defensa Nacional. Por lo demás, este contencioso evidencia que, aunque tanto UPN como PSN proclaman no tanto su rechazo a la infraestructura como que Navarra ya ha sido suficientemente solidaria al asumir esta servidumbre durante más de medio siglo, puertas adentro no existe una determinación clara de presionar a sus mayores , puesto que ministerios de Defensa populares pero también socialistas han mirado para otro lado. Inclusive el que regentó Bono, cuya belicosidad como presidente manchego fue sin embargo clave para la renuncia al polígono de Cabañeros. Esta perenne polémica revela asimismo dos palmarios anacronismos: el primero, que en pleno siglo XXI veintidós entes congozantes vayan a negociar con Defensa en nombre de Bardenas, pero también de la Comunidad Foral en su conjunto, que los aviones sobrevuelan las cabezas de todos los navarros; el segundo, que el polígono se perpetúe en una Reserva Natural de la Biosfera. Al margen del tradicional ocultismo sobre las maniobras militares y los materiales empleados, pero también de los eventuales riesgos para la salud y para la integridad física de los ciudadanos.