ERECHOS o no derechos; ésa es la cuestión. Con la vigente Ley del Euskera de 1986, los ciudadanos navarros tenemos derechos lingüísticos en materia de enseñanza en la zona vascófona, donde la lengua vasca es cooficial. Pero no tenemos derechos propiamente dichos en materia de enseñanza ni en la zona mixta ni en la zona no vascófona. En estas últimas dos zonas existen expectativas que dependen de la voluntad institucional y política, pero no existen derechos propiamente dichos en el ámbito educativo porque no está legalmente establecida la opción de elegir modelo lingüístico. Es una afrenta vergonzosa para Navarra, que la divide en tres partes; es una discriminación para los navarros y, si bien se analiza, es un menosprecio, mayor que para nadie para los ciudadanos de la zona no vascófona, a quienes restringe opciones y por tanto libertades.
Sin embargo, del hecho de que no existan derechos lingüísticos en las zonas mixta y no vascófona no se deriva ni se puede deducir con rigor que existan prohibiciones legales. Así se deduce de una exégesis rigurosa de los artículos 25 y 26 de la Ley foral del Euskara. En la zona no vascófona y en la zona mixta no hay derechos en materia lingüística según la Ley Foral del 86, pero tampoco hay prohibiciones. No es por lo tanto ilegal ni lo ha sido nunca la instauración del modelo D en la zona no vascófona. Pero durante 20 años se ha repetido machaconamente por la derechona navarra una interpretación jurídica tan falsa como interesada, a saber, que mientras no se cambiase la Ley no se podía establecer el modelo D en la zona no vascófona. Esa mentira interesada, con ropaje de interpretación jurídica, ha calado en muchas mentes incluso de amantes del euskara, bien sea por ingenuidad, bien sea por falta de rigor, bien sea porque se han mareado en la maquinaria de su propia entibadora.
Ahora, desde hace un par de años, el Gobierno de UPN-CDN ha abandonado su anterior interpretación. Quizá lo haya hecho por haber establecido el denominado modeloBritish sin ningún tipo de cobertura legal. Pero lo cierto es que el consejero de Educación, señor Pérez-Nievas, defendió sin ningún rubor en el Pleno del pasado 8 de mayo del Parlamento de Navarra, que para instaurar el modelo D en la zona no vascófona no hace falta ningún cambio de ley. Lo dijo explícitamente y lo ha repetido muchas veces en los últimos tiempos. El consejero del Gobierno de Navarra tiene ahora toda la razón, pero está pregonando sin rubor una interpretación contraria de lo que han sostenido y mantenido durante 20 años. Eso sí; siempre lo hacen barriendo para casa; antes para que no se instaurasen modelos D en la zona no vascófona; ahora para obstaculizar el cambio de la ley.
No obstante, algunos bienpensantes, de cuyo compromiso con el euskera no cabe dudar, no parecen haberse enterado de que siguen defendiendo la vieja y falsa tesis de UPN-CDN, cuando éstos hace ya tiempo que la echaron al basurero. Lo peor es que de sus erróneas interpretaciones sacan consecuencias igualmente erróneas, pero utilizando tonos apocalípticos.
Así, se ha llegado a escribir que "la posibilidad de la enseñanza pública en euskera se hubiera ampliado a toda Navarra" en la hipótesis de que en 1994 se hubiera suprimido el artículo 26 de la Ley Foral del Vascuence que regula la enseñanza en la zona no vascófona, y se hubiera extendido a ella la regulación de la zona mixta del artículo 25. Tal interpretación carece totalmente de rigor, ya que no hay ni ha habido nunca prohibición legal en términos técnicos para instaurar modelos lingüísticos diferentes, incluido el modelo D, en la zona no vascófona. La mejor demostración de todo ello es la actual interpretación que hace de estos textos el propio UPN, aunque sea contradictoria con su interpretación anterior.
El problema sigue siendo, por un lado, la falta de derechos propiamente dichos tanto en la zona mixta como en la zona no vascófona, ya que en dichas dos zonas no existe la opción para elección del modelo lingüístico; y, por otro lado, el que no haya existido voluntad política para la atención de las opciones de la ciudadanía en materia de educación en la zona no vascófona. La modificación que se discutió en 1994, y que no salió adelante por los votos de UPN y HB, era en sí misma estéril en cuanto a su contenido, aunque quizá podría haber tenido la virtualidad de empezar a desmontar el monumento al despropósito cultural que es la Ley foral del Euskera. Dicha modificación ha quedado además ahora completamente obsoleta por carente de contenido al haber cambiado UPN su falsa e interesada interpretación. Hasta tal punto ha quedado obsoleta aquella modificación que propugnó Urralburu tras haber perdido el sillón presidencial, que ahora no se le ha ocurrido a nadie rescatarla en el Parlamento aunque la estén mentando algunos columnistas.
En materia lingüística, el maximalismo es estéril porque aleja las soluciones y obstruye los avances graduales. Pero el entreguismo es castrante porque conformarse con cambios anecdóticos o sublimar modificaciones formales y sin contenido conduce a la impotencia.
En materia lingüística han de tenerse en cuenta objetivos y dinámicas, y no hay que renunciar a los derechos, pero siempre hay que estar dispuesto a dar pasos verdaderos con rigor. Por lo tanto, en materia lingüística estamos por un idealismo posibilista. No al maximalismo y no al entreguismo, pero sí al idealismo posibilista.
Es decir, no hay que renunciar a los objetivos de la dignidad y de los derechos en materia lingüística, pero hay que tener disposición para avanzar gradualmente en la medida en que la correlación de fuerzas y la voluntad de la sociedad lo vayan impulsando.
Desgraciadamente, cuando falta rigor, sobra mala leche.