PAMPLONA. El último atentado de ETA, que se cobró la vida del guardia civil Juan Manuel Piñuel el miércoles en Legutiano, sacó ayer a la calle a miles de ciudadanos navarros. Las concentraciones de repulsa por este asesinato se sucedieron por toda la geografía foral.
La protesta institucional más significativa se produjo frente a la sede del Legislativo foral, donde se condenó de forma unitaria este brutal ataque. El jefe del Gobierno, Miguel Sanz; la presidenta del Parlamento, Elena Torres; y la delegada del Gobierno en Navarra, Elma Saiz, presidieron esta concentración silenciosa de cinco minutos. El acto contó con la participación de parlamentarios de todos los grupos políticos y varios consejeros del Ejecutivo foral. También asistieron representantes sindicales, el presidente de la CEN, José Manuel Ayesa, y el Defensor del Pueblo de Navarra, Javier Enériz.
SIGUE LA POLÉMICA La imposibilidad de consensuar el texto de condena que el miércoles aprobó el Parlamento navarro con la abstención de Nafarroa Bai dio paso ayer a la polémica. Sanz y UPN aprovecharon la circunstancia para arremeter contra la coalición. El presidente navarro consideró "incomprensible que no se apoye a la Guardia Civil, más en un momento tan delicado". A su juicio, queda de manifiesto "que Nafarroa Bai es incapaz de reconocer todo aquello que forma parte del Estado de Derecho, como es la Guardia Civil, porque no cree en este Estado".
UPN calificó de "lamentable, denunciable e injusta" la actitud de NaBai. Su secretario general, Alberto Catalán, añadió que "NaBai intenta contentar a un sector del nacionalismo más radical".
Desde NaBai, su portavoz Maiorga Ramírez explicó que su grupo "apoya y condena siempre con toda rotundidad toda acción violenta, y sobre todo las de ETA" y que su abstención fue "una llamada de atención para que no se quieran aprovechar los textos de condena para afirmar cuestiones ideológicas con las que legítimamente algunos podemos discrepar". >D.N.