madrid. El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha reconocido que, a fecha de 12 de mayo, la actividad radiológica de la central nuclear de Ascó alcanzaba los 176 millones de bequerelios, una cifra 750 veces superior a lo notificado inicialmente por este organismo.
En respuesta a una batería de preguntas de la organización ecologista Greenpeace en relación al escape registrado en la central de Ascó el pasado 27 de noviembre, el CSN reconoce que en un informe del 12 de mayo "aún" se seguían detectando y recogiendo partículas en el emplazamiento de la central.
En concreto, precisa que "la actividad total recogida hasta el 12 de mayo corresponde a una actividad de 176,68 millones de bequerelios", una cifra 750 veces mayor a los 235.000 bequerelios que el CNS indicó en su informe del 7 de abril.
Las instalaciones de Ascó registraron el pasado 27 de noviembre un escape de partículas radiactivas procedentes de la ventilación de la planta atómica, un incidente que se conoció a principios de abril gracias a una denuncia de Greenpeace y que, dentro de la Escala Internacional de Sucesos Nucleares, fue calificado de nivel 2 .
En otro informe remitido al Defensor del Pueblo -solicitó al CSN que aclarase los hechos y medidas adoptadas y previstas-, este organismo explica que las primeras mediciones de radiactividad se hicieron basadas "en un modelo inadecuado".
Posteriores mediciones permitieron elevar el grado de radiactividad y concretar algunos de los componentes emitidos como el Cobalto 60, una de las partículas más tóxicas.
"mala fe", según Greenpeace Según este informe, la maniobra que originó el suceso "se puede calificar, cuando menos, de deficiente". En concreto, precisa, el 26 de noviembre, mientras se efectuaban las operaciones de descontaminación, el sistema de ventilación normal siguió funcionando, cuando el protocolo obliga a activar el de emergencia para garantizar que cualquier contaminación no saldrá del edificio.
Al día siguiente, agrega el informe del CSN, la central manipula los monitores de radiación para eliminar la alarma y las consiguientes demandas de actuación y parada de los sistemas de ventilación.
Por todo ello, concluye el CSN, "parece incontestable" que el incidente responde al arrastre de la contaminación depositada en los conductos de ventilación compartidos por el sistema normal y el de emergencia. El responsable de la campaña de energía nuclear de Greenpeace, Carlos Bravo, ha denunciado que, en su informe, el CSN no ha contestado a muchas preguntas .
El informe, asegura Bravo, "reconoce que la central actuó de mala fe, al manipular los aparatos, y que fue enormemente irresponsable", un comportamiento que, a su juicio, es "delictivo".
Además, el responsable de Greenpeace señaló que una de las cuestiones más importantes sin responder se refiere a si el suceso puede haber tenido impacto ecológico y radiológico, tanto para los trabajadores de Ascó como para la población y el Medio Ambiente. >efe