Desde estas líneas, quiero mandar un abrazo solidario a Telma Ortiz. Telma es hermana de Letizia Ortiz, aquella periodista que en los tiempos de la peor manipulación informativa del aznarismo presentaba el Telediario junto al lenguaraz pamplonés Alfredo Urdaci y que luego se casó con el no tan hábil orador Felipe Borbón. Telma está harta de que la graben a todas horas. Así las cosas, interpuso una demanda contra 57 medios de comunicación por invadir su intimidad. La Justicia ha decidido desestimarla. Lo dicho: me solidarizo con ella. Es que me siento muy identificado con su causa. A mí también me graban a todas horas. En cuanto pongo un pie en la calle, ahí están las cámaras para invadir mi intimidad. Cuando voy a trabajar en bici. Cuando salgo del trabajo a almorzar al bar. Cuando voy al banco. Cuando hago la compra. Cuando paseo. Siempre. Evidentemente, no hablo de las cámaras de los programas de corazón, de tripicallería que asedian a Telma. Me refiero a las cámaras de vigilancia de tráfico, del portal del edificio en el que trabajo, del banco, del supermercado, de las sedes de los organismos públicos… Al final, todos somos Telma Ortiz. El otro día un amigo me pasó un ejemplar deEraikiz , una publicación del colectivo anarquista Rosa Negra, que recoge un interesante reportaje sobre la videovigilancia en nuestra metrópoli foral. Han hecho un recuento de las cámaras de vigilancia en el Casco Viejo. Sin tener en cuenta las de los bancos y comercios, sólo contando las de los edificios públicos, son más de cien. Una centena de cámaras grabando de día y de noche por dónde paseamos, a qué bares vamos, en qué locales entramos, con quién nos juntamos. Un tremendo caudal de información que nadie aclara cómo se gestiona ni para qué se utiliza. Habrá quien piense que todo esto es una paranoia de cuatro anarquistas y un columnista obsesionados con el control social. No somos los únicos preocupados por esta cuestión. Un organismo nada sospechoso de subversión como el Consejo de Europa afirma que "la videovigilancia en lugares públicos amenaza los derechos fundamentales de respeto de la vida privada y de la libertad". En la Nochevieja de 2006, aparecieron por todo lo Viejo unas curiosas pintadas. "Feliz 1984", decían. Pues eso.